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El aspecto de las ciudades cambiará de la mano de la combinación de tecnologías de la información y transporte.

Una de las facetas de la vida urbana donde más se deja notar la profundidad de los cambios tecnológicos de los últimos años es el de la movilidad. Ya estamos acostumbrados a ver coches híbridos y eléctricos por las calles, en las que empiezan a asomar electrolineras o puntos de recarga eléctricos. La transición a los vehículos verdes está todavía en un estadio temprano, pero las cada vez más estrictas garantías de baja contaminación exigidas por los ayuntamientos acelerarán, al menos en las ciudades, este proceso.

La movilidad en las ciudades del futuro

La industria, por su parte, está apostando muy fuerte por los vehículos autónomos. Aunque quedan décadas para su despliegue masivo, se dice que alterarán el reparto del suelo urbano y reducirán el tráfico.

Incluso se trabaja en el desarrollo de vehículos voladores, como el Airbus Vahana Drone Concept  que se presentan como una posible solución a los largos desplazamientos interurbanos.

Fuente: TechTheLead

Para los expertos reunidos en el Future Trends Forum sobre Ciudades Disruptivas, el transporte siempre ha sido el motor de los cambios económicos y sociales. El aspecto de las ciudades cambiará de la mano de la combinación de tecnologías de la información y transporte mientras que el tiempo dedicado a desplazarse hasta la oficina se convertirá en tiempo de trabajo o de ocio y el espacio destinado a parkings quedará libre para otros usos.

La movilidad en las ciudades actuales

En menos de un lustro, decenas de ciudades europeas, norteamericanas y asiáticas se han llenado de pequeños coches, scooters y más recientemente patinetes, todos ellos con motor eléctrico, que recorren las calles en silencio para quedar luego aparcados en cualquier lugar y esperar a que su siguiente usuario disponga de ellos. La movilidad compartida parece haber llegado para quedarse.

También han proliferado los cada vez más comunes servicios municipales de bicicletas, con y sin motor eléctrico: los vehículos se toman y dejan en estaciones habilitadas a tal efecto, normalmente ubicadas cerca de bocas de metro. Por supuesto, los ciudadanos siguen contando con las opciones habituales de transporte público: tren de cercanías, suburbano, tranvía, autobuses de línea, etcétera, a las que cabe añadir los taxis y los vehículos con conductor, los feroces competidores que han surgido recientemente de la mano de las nuevas tecnologías.

Las alternativas se multiplican. La creciente disponibilidad de los llamados microvehículos urbanos, la gran mayoría operados por empresas privadas, y su bajo coste (en comparación con la adquisición y mantenimiento de uno propio) están provocando que cada vez más personas decidan dejar en casa su coche. Los ayuntamientos fomentan su uso por dos motivos: porque contribuyen a descongestionar el tráfico de las ciudades y porque, al ser eléctricos, contribuyen a reducir los niveles de polución del aire, uno de los objetivos de todo ayuntamiento.

Uno de los facilitadores de la gran transformación de la movilidad en las ciudades ha sido el hecho de que casi todos los ciudadanos (el 81% de los españoles, según el último Google Consumer Barometer Report), tengan teléfono inteligente. Ese es precisamente el dispositivo a través del que los usuarios pueden alquilar alguna de las opciones que brinda la movilidad compartida.

Las ciudades tienen todavía un gran problema que resolver: la agilización de las conexiones interurbanas. El aumento del peso económico de las grandes poblaciones atrae cada vez a más trabajadores, muchos de los cuales viven en localidades cercanas. Toda esa gente tiene que ir y volver a trabajar cada día. Es un reto que hay que resolver.

¿Quieres saber más sobre el futuro de las ciudades? https://www.fundacionbankinter.org/ftf/tendencias/ciudades

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