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Hasta hace pocos años, los españoles sentíamos una especie de alergia a pagar por las películas, las series y los realities.

La televisión española siempre ha sido, ante todo y sobre todo, la televisión en abierto. Allí nos encontrábamos todos, era el lugar natural de las grandes audiencias, la gran plaza pública. Por supuesto, las cosas han empezado a cambiar.

Hasta hace cinco años, las grandes características de la televisión en España consistían en que era masiva y gratuita. A diferencia de otros muchos europeos, sentíamos una especie de alergia a pagar por las películas, las series y los realities.

Creímos durante décadas que los grandes canales tenían casi todo lo que merecía la pena ver y comentar en el colegio, la universidad o la oficina. Es verdad que muchos se quejaban de que algunas películas llegaban o se emitían tarde, pero para eso estaban los cines, los videoclubs y, en un país saturado de piratería, abundaban también las descargas ilegales. La oferta no era perfecta para nadie, porque intentaba ajustarse a los gustos de todos. Por supuesto, la comunicación con la audiencia, salvo las típicas llamadas del público de los concursos, era unidireccional. La ‘caja tonta’ hablaba y nosotros escuchábamos (o no).

Ahora mismo, la situación está cambiando. Para empezar, las redes sociales han multiplicado la ‘conversación’ entre el público y los programas. YouTube se está consolidando como una importante fuente de entretenimiento y vídeos para los menores de 25 años. Millones de personas han empezado a aceptar que muchos de los contenidos que nos enloquecen –desde la mayoría de las competiciones deportivas hasta las películas taquilleras de estreno o las series estadounidenses más populares– hay que pagarlos. Cada vez nos suscribimos más a plataformas digitales que nos ofrecen exactamente el tipo de espacios que nos interesan.

¿Cuál será el siguiente capítulo? Todo parece indicar que nos dirigimos a un escenario que transformará la televisión tradicional para siempre. Existirán nuevas formas de consumirla gratuitamente (los grandes canales en abierto y YouTube evolucionarán) y también mediante el pago, nuevas formas de interacción con nuestros programas favoritos que condicionarán sus contenidos y nuevas plataformas que nos ofrecerán espacios y publicidad cada vez más ajustados a nuestras necesidades gracias al conocimiento que obtendrán las empresas a partir del bigdata.