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Este tipo de oficinas del futuro permiten el trabajo colaborativo entre empleados y ofrecen un entorno laboral más flexible

Las empresas están empezado a instalar sensores que indican las áreas y las instalaciones de la oficina que se están utilizando y con qué frecuencia con el objetivo de optimizar los recursos.

Hasta hace pocos años, la principal forma en la que una empresa sabía si sus instalaciones eran adecuadas consistía en preguntar y observar a sus profesionales. Veían si estaban cómodos con la calefacción o el aire acondicionado, si hacía falta más espacio o si existía alguna manera de aprovecharlo mejor. Había, claro, opiniones contradictorias sobre asuntos como hasta qué punto era necesario un baño en cada planta o unas máquinas expendedoras y de café a poca distancia unas de las otras.

Tampoco estaba demasiado claro que sobrasen o no salas de reunión. A veces estaban vacías y otras veces había lista de espera. Como casi todos los trabajadores ocupaban puestos fijos en sus mesas, resultaba sencillo estimar si tenían los equipos necesarios. Seguro que a nadie le faltaba una silla. 

Ahora las cosas han empezado a cambiar. Cada vez surgen más oficinas donde las mesas se comparten y los empleados se colocan en sitios diferentes (es lo que llaman ‘hot desking’). Este tipo de oficinas del futuro permiten el trabajo colaborativo entre empleados y ofrecen un entorno laboral más flexible. El precio del suelo ha animado a las empresas a comprobar con datos mucho más exactos si las instalaciones se utilizan con la frecuencia que deberían o no. Obviamente, la temperatura o la luz deben depender de que haya gente trabajando. No tiene sentido iluminar una planta entera porque los empleados estén muy dispersos.  

En este contexto, algunas empresas han empezado a instalar sensores de calor y de movimiento en buena parte del mobiliario. Esos sensores son los que van a permitir determinar cuánto se utilizan las mesas o las salas y cuánta gente puede haber en una planta a una hora concreta y determinarán el diseño de las oficinas del futuro. Muchos trabajadores temen que estos sensores sirvan para controlar aún más a los empleados mientras están en la oficina. La consecuencia es que se han quejado y que algunas compañías han tenido que retirarlos. 

El futuro pasa, probablemente, por una negociación entre los representantes de los profesionales y sus empresas que lleve a una instalación controlada, reducida y transparente de los sensores que no permita que se utilicen como los dispositivos de un ‘Gran Hermano’. Entonces, serán muchas más las empresas que podrán contar con una información muy útil para optimizar el espacio, la temperatura o la luz de sus edificios. 

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    Antonio Abad

    Jefe Tecnico y de Operaciones en Hispasat