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La digitalización ha cambiado para siempre el modelo de formación en el trabajo.

Hasta hace sólo quince años, cuando alguien hablaba de estudiar un curso para ser mejor profesional, todos entendían que iba a tener que desplazarse a un aula. El eLearning era poco más que una versión digitalizada de los viejos cursos por correspondencia. La oferta y la interactividad con los profesores parecía limitada, los materiales ‘online’ no pasaban de Words o meros documentos escaneados y la relación con los otros estudiantes era casi nula. Para muchos, la experiencia resultaba aburrida y solitaria.

Si querías aprender algo en serio, los desplazamientos eran obligatorios. Unas veces, en horario de oficina porque nos lo financiaba la empresa o era la propia empresa quien impartía la formación; otras veces, teníamos que aprovechar los viernes por la tarde, las tardes-noches de lunes a jueves o las mañanas de los sábados.

Los estudios externos, por lo general, se realizaban en las aulas de una escuela de negocios o en una academia. Muy pocos se preocupaban de rellenar las encuestas de satisfacción, porque no creían que sirvieran para mucho. Además, buena parte de los cursos eran subvencionados o bonificados, así que… ¿por qué iban a pedir demasiado a lo que les daban casi gratis?

Ahora la situación ha cambiado, y mucho. El uso de la tecnología en la educación a distancia ha multiplicado la interacción de los alumnos entre sí y con los profesores y las valoraciones públicas, dentro y fuera de las redes sociales, han comenzado a premiar a las entidades que imparten formación de calidad. La diversidad de la oferta de cursos no es grande; es inabarcable. Podemos acceder a formación cara y barata, de la academia de nuestro barrio y de las mejores universidades del mundo.

En paralelo, el vídeo, la vídeo-conferencia y los gráficos interactivos han facilitado el aprendizaje y la transmisión de conocimiento. Las empresas y los profesionales ya no creen que tengan que desplazarse siempre para aprender algo que necesitan para sus trabajos. Existe la posibilidad de consumir los materiales docentes en diferido y, si nos viene mejor concentrar la formación en determinados días y horarios, podemos sacar partido a esta nueva flexibilidad. Ahora, si alguien nos dice en la oficina que va a estudiar un curso de especialización sin añadir más información, no sabremos si lo va a realizar una formación presencial, un curso online o mixto.

El siguiente paso en la formación online implicará dos elementos principalmente. El primero consistirá en profundizar aún más en las tendencias de los últimos años. Queda mucho por hacer en la clasificación de los mejores cursos y en la mejora de la experiencia del usuario. El segundo elemento pasa por introducir cada vez más micro-formaciones, cursos a medida, herramientas de enseñanza que exploten todo el potencial de las redes sociales y tecnologías asociadas a la gamificación y la realidad virtual y aumentada. También es de esperar que la formación online se adapte cada vez más al móvil y a las tabletas y deje de depender tanto de los ordenadores.   

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