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El término disrupción ha ido ganando popularidad en los últimos años. Crece su uso, y su abuso. Tanto que corre el riesgo de que se banalice su significado al mencionarlo en vano.

El término ha ido ganando popularidad en los últimos años. Crece su uso, y su abuso. Tanto que corre el riesgo de que se banalice su significado al mencionarlo en vano. Hablamos del concepto de ‘disrupción’. Según la RAE, significa “rotura o interrupción brusca”. “Un proceso o un modo de hacer las cosas (...) que se impone y desbanca a los que venían empleándose”, añade la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA).

El concepto está ligado a la innovación y a la tecnología. Y también a la globalización y a la demografía, que completan el círculo de “las tres fuerzas principales de la disrupción”, según el informe Las ventajas de la disrupción. Megatendencias para el futuro de EY.

En efecto, la irrupción de start-ups tecnológicas en el mundo de los negocios ha dinamitado sectores tradicionales como el turismo o el transporte (en el caso de Airbnb o Uber), o los medios de comunicación (en el caso de Facebook, Twitter y otras redes sociales). También transformado otros, como el de la compraventa de bienes y servicios (en el caso de Alibaba o Amazon, por poner dos ejemplos significativos).

A estas plataformas y apps de la economía gig y bajo demanda, que han movido de sus sillas a los actores establecidos, se suman:

  • los avances en inteligencia artificial y su aplicación a productos (como los coches autónomos) y servicios (desde chatbots o  asistentes virtuales ‘inteligentes’
  • hasta diagnósticos médicos y selección de tratamientos individualizados);
  • el internet de las cosas (IoT);
  • los drones;
  • la fabricación digital e impresión 3D;
  • la realidad virtual y la realidad aumentada,
  • o el blockchain (que promete desde contratos inteligentes hasta una identidad digital global única).

Estas tecnologías traen bajo el brazo nuevos modelos de negocio, a menudo disruptivos. Algunas apenas han comenzado a desplegar su potencial y otras son aún un diamante en bruto que está ver si se pule, cómo y quién. Un elemento transformador en potencia que ya se aplica para optimizar procesos, automatizar servicios, hacer más eficiente el encuentro entre oferta y demanda o eliminar intermediarios, y que promete otro largo etcétera de bondades por llegar en los próximos años. Pero, pese a lo que puede parecer, ni son la panacea ni están exentas de polémica, de riesgos y de retos.

En todas estas cuestiones y sus matices ahondamos en la publicación Modelos de negocio disruptivos, tema tratado durante la XXIX edición del think tank Future Trends Forum.

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