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Los datos masivos obtenidos a partir los sensores de los smartphones y a partir de las redes sociales están redefiniendo los sistemas y la gestión de la evacuación de las ciudades.

Los sistemas de evacuación de las ciudades han multiplicado su importancia en las últimas décadas. Los motivos son el incremento de los fenómenos meteorológicos extremos por culpa del cambio climático, el miedo a los atentados terroristas y la preocupación con unas infraestructuras que, al estar cada vez más conectadas a la red, pueden sufrir un ataque informático devastador. También se ha ampliado el abanico de las localidades potencialmente afectadas: ya no hablamos únicamente de las víctimas habituales de huracanes del Atlántico o de países con infraestructuras ruinosas.

Los sistemas de evacuación, antes de la llegada del big data y sus dispositivos de almacenamiento y análisis, no podían evaluar ni con relativa precisión ni en tiempo real el estado de los puentes y carreteras afectados por la debacle y tampoco la reacción y los movimientos de la población. Debían conformarse, normalmente, con la información que recopilaban las escasas cámaras de videovigilancia, los satélites y unos equipos de emergencia desbordados que no tenían acceso más que desde el aire a muchas de las localizaciones más golpeadas.

En estas circunstancias, identificar con alguna exactitud el número o la situación de las víctimas en cada emplazamiento era más una aspiración que una realidad… y sin eso, la adaptación de la estrategia a las características concretas de la  catástrofe que tenían delante se volvía dificilísimo. 

La situación actual es muy diferente. Los sistemas de almacenamiento y análisis de big data están permitiendo construir modelos predictivos mucho más complejos y detallados. Además, los datos de las señales que emiten los smartphones y los de la participación de los ciudadanos en las redes sociales llevan utilizándose ocho años en las catástrofes humanitarias. La primera fue la del terrible terremoto de Haití de 2009.

Las señales de los smartphones facilitan que los equipos de evacuación sigan con mucha más precisión los movimientos de la población, localicen a las personas y estimen el número de las víctimas. Las fotografías, los vídeos y los comentarios en las redes sociales los aproximan a la reacción de la gente, les muestran algunos de los daños que han sufrido los puentes o las carreteras y, por eso mismo, les dan más información para elegir las vías de evacuación más seguras. También se ha empezado a valorar la eficacia de las iniciativas de evacuación en tiempo real teniendo en cuenta los ‘me gustas’ y los comentarios que dejan los vecinos en el ciberespacio.

El siguiente paso en los sistemas de evacuación y su relación con el big data vendrá marcado por internet las cosas o, dicho de otra forma, por la conexión de muchos más dispositivos a la red. En el ámbito de la evacuación van destacar las infraestructuras inteligentes, que permitirán conocer sus daños, su aglomeración y su estabilidad e incluso quizás se les podrán realizar reparaciones básicas a distancia. Habrá que prestar mucha atención también a los wearables y a los vehículos autónomos, que nos pondrán en bandeja información nueva sobre la población.

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