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El alargamiento de la vida laboral es un desafío que no puede solucionarse a base de decretos ley. Requiere de distintas disciplinas trabajando conjuntamente para flexibilizar la situación.

Aunque pueda parecer que la jubilación es un derecho adquirido tras muchos años de luchas laborales, la realidad es que se trata de algo muy antiguo; tanto, que se remonta a la antigua Roma. En ella, los soldados que prestaban servicios militares durante 25 años, podían jubilarse después, tras adquirir la llamada licencia de eméritos. A efectos prácticos, se les entregaba una parcela de tierra, se les asignaba una pensión, se les eximía del pago de muchos impuestos y se les otorgaban determinadas ventajas a la hora de enfrentarse con la justicia.

Sin embargo, esto no se trasladó a todas las profesiones y en todo el mundo y, para hablar del origen de la jubilación en España, hay que viajar muchísimo en el tiempo. En concreto, hasta 1919. En aquel entonces, se estableció la edad de retiro -que daba derecho a una pensión pública de una peseta diaria-a los 65 años. ¿Les suena? Es casi la misma que rige en la actualidad -65 años y medio-, aunque sólo lo hará hasta 2027. En menos de diez años, las personas tendrán que esperar al menos a los 67 años para solicitar la jubilación -que ya no se paga, obviamente, a una peseta-.

Retrasar la edad de este importante paso se ha ‘vendido’ como una necesidad para la sostenibilidad, es decir, una manera de ayudar a pagar las pensiones propias y las ajenas. Sin embargo, al hablar de longevidad, el asunto adquiere dimensiones mucho mayores, ya que es evidente que la persona de hoy de 65 años no tiene nada que ver con quien tenía esa edad hace un siglo.

Así, podría parecer evidente que si vivimos más tiempo, hemos de trabajar más, pero no sólo por una necesidad económica, sino porque vamos a tener más tiempo -y ganas- de seguir haciéndolo. Sin embargo, esto supone un desafío, porque los trabajadores más mayores suponen en la actualidad quebraderos de cabeza para los empleadores. Por citar sólo algunos de los problemas: suelen cobrar mucho más, renquean a la hora de adaptarse a la tecnología y tienen más problemas de salud que los más jóvenes.

Por esta razón, el alargamiento de la vida laboral es un desafío que no puede solucionarse a base de decretos ley. Requiere de distintas disciplinas trabajando conjuntamente para, sobre todo, flexibilizar la situación. El alcanzar el estatus de jubilado sólo por lo que diga el DNI parece tener cada vez menos sentido. Queda por definir la alternativa.

Si quieres saber más sobre longevidad, descarga el informe del Future Trends Forum.