En 2030 se espera que la población mundial haya alcanzado los 8.500 millones, lo que plantea un gran reto para el sistema: ¿cómo alimentar de manera sostenible y nutritiva a tantos habitantes?

Debido al lanzamiento del informe “La comida del futuro”, la Fundación Innovación Bankinter celebra un ciclo de webinars con expertos del sector agroalimentario mundial que participaron en el think tank.

El cuarto y último webinar del ciclo ha estado dedicado a la sostenibilidad alimentaria. Ha contado con la participación de Tina Lawton, expresidenta de la región Asia Pacífico en Syngenta, y Renée Vassilos, Directora de Innovación Agrícola en The Nature Conservancy, que nos han contado qué iniciativas tecnológicas asegurarán la alimentación en un futuro.

Tina se enfoca en los países en vías de desarrollo y Renée en los países desarrollados, de manera que entre ambas nos aportan una visión global de las innovaciones en agricultura (agritech), que persiguen la triple sostenibilidad: económica, social y medioambiental.

En los países en vías de desarrollo, Tina apunta que la innovación debe apoyarse en tres pilares:

  • El liderazgo.
  • La tecnología.
  • La cooperación entre todos los agentes y la involucración de nuevos actores.

Con foco especial en cómo conseguir la sostenibilidad económica de los pequeños agricultores. Según la agencia de la ONU, FAO, la mayor parte de los 600 millones de explotaciones agrícolas existentes en el mundo son de pequeño tamaño. Por tanto, los pequeños productores desempeñan un papel esencial para afianzar la seguridad alimentaria y la nutrición. Apoyándolos se puede contribuir también a crear empleo en las zonas rurales y reducir la pobreza.

Los cambios necesarios para asegurar esto podrían producirse de manera inmediata según la experta: sólo es cuestión de voluntad de cambio hacia un modelo colaborativo donde los gobiernos, la banca, las aseguradoras, las tecnológicas, las ONG y las grandes compañías del sector agropecuario pongan cada cual de su parte para lograrlo.

La clave de todo ello pasa por los gobiernos, que deberían pivotar desde las subvenciones genéricas (por tipo de cultivo y extensión de tierra), a las subvenciones en formación, infraestructuras e innovación.

Para ilustrarlo, nos habla de dos casos que están implantándose ya y en los que ella ha tenido un papel crucial como catalizadora:

Una iniciativa para facilitar seguros a las cosechas de los pequeños agricultores en la India, de manera que, si las lluvias no son suficientes o son demasiadas, estén cubiertos. Esta iniciativa se acompaña también de formación a los agricultores sobre cómo optimizar la plantación, cómo cuidar las semillas y cómo proteger las cosechas.

La otra, el uso de drones para supervisión de cultivos y aplicación de fertilizantes e insecticidas, por ejemplo, en pequeñas plantaciones de arroz o de café. Esta iniciativa permite recopilar muchos datos que luego aportan valor a los productos a la hora de la venta.

 

Por su parte, respecto a lo que se está haciendo en los países desarrollados, Renée nos habló del fondo de inversión que ella dirige en los Estados Unidos, muy enfocado en buscar iniciativas innovadoras con tres prioridades:

  • Abordar el cambio climático.
  • Proteger la tierra de cultivo y las fuentes de agua.
  • Proporcionar alimentos y agua de forma sostenible.

Para Renée, la primera clave es la salud del suelo. Para conseguir que las tierras de cultivo sean sanas y productivas, se debe trabajar simultáneamente en tres áreas: Científica (apoyando a la ciencia y a la investigación sobre la gestión de la salud del suelo), económica (incentivando el buen uso de la tierra) y regulatoria (mejorando las políticas medioambientales). Con ello se logra la denominada agricultura regenerativa.

Los componentes críticos de la agricultura regenerativa son:

  • La rentabilidad de los agricultores.
  • Las prácticas que apoyan la regeneración del suelo, incluidos cultivos de cobertura, labranza cero, mayor rotación y reintroducción de la agroforestería.

Las soluciones necesarias para impulsar estas prácticas incluyen equipamientos agrícolas innovadores, nuevas soluciones de seguros y finanzas (segurtech y fintech), nuevas soluciones de almacenamiento que garanticen mejor conservación de los productos, y la introducción de nuevos productos vegetales que incluyan cultivos de cobertura.

Tanto Tina como Renée piensan que las soluciones innovadoras para la conservación de los suelos y la sostenibilidad agrícola, llevan aparejadas una enorme oportunidad de negocio alrededor de los datos capturados.

Desde el diseño de nuevas moléculas y la mejora de semillas hasta las soluciones de trazabilidad (blockchain) que aportan valor añadido a los productos, la explotación de los datos va a ser clave para generar valor añadido. Renée augura que las grandes empresas tecnológicas entrarán en el mercado agritech para aportar soluciones en esta línea.

De cara a los inversores, Renée apunta que el sector agritech es un sector muy joven, donde los grandes fondos de capital riesgo especializados sólo llevan en el mercado una decena de años, existiendo aún una falta de actividad significativa por parte de los grandes conglomerados agroalimentarios.

En este sentido, cabe destacar que las innovaciones más disruptivas no están viniendo de los países desarrollados.

Por último, Renée nos apunta que existirá una transferencia de innovaciones, soluciones y tecnologías entre países y entre segmentos del mercado. Para ilustrarlo, nos cita el caso de la compañía Unfold (creada por Bayer AG y Temasek, compañía de inversión global con sede en Singapur), que desarrolla semillas especialmente dirigidas a soluciones de agricultura vertical, que acabarán pasando a la agricultura tradicional.

 

Si quieres saber más sobre el presente y futuro de los sistemas alimentarios, puedes leer el informe “La comida del futuro”, elaborado por el Future Trends Forum de la Fundación Innovación Bankinter.

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