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Descubre cuáles son los puntos en los que el profesorado tendrá que trabajar de cara a convertirse en la vanguardia de la educación y reclamar el protagonismo y la importancia que tiene.

Parafraseando y acomodando un viejo mantra revolucionario: El profesorado será digital o no será. La revolución en marcha, que no pendiente, es la digitalización completa de nuestro mundo, un proceso inexorable e irreversible que va acabando poco a poco y a una velocidad mucho más rápida de lo esperado y que ya ha acabado con muchos procesos analógicos.

Los centros educativos no podrían permanecer alejados de esta revolución. De hecho, como venimos contando, la educación ha entrado en una revolución propia de nuevas e innovadoras metodologías, sistemas de aprendizaje y eliminación paulatina de los libros de texto y las antiguas unidades temáticas por rutas educativas.

Pero no solo de la digitalización vive el profesorado. Es importante que esté convenientemente formado en nuevas tecnologías pues tendrá que “competir”, en el caso de los profesores más veteranos, con un alumnado que ya es nativo digital y que, por lo tanto, tiene un contacto menos artificial con el entorno digital. El profesor del futuro, o el de hoy, tiene que saber incorporar convenientemente a su día a día el uso de móviles y tablets y aconsejar sobre cómo manejar el ordenador de casa y donde encontrar conocimiento complementario a las materias que se enseñen en clase.

Será importante que el profesorado sea multitarea. Aunque ahora, y siempre, un buen profesor es un educador, un orientador y una figura inspiradora para los alumnos (o a eso aspira), ahora tendrá además que unir a estas virtudes la de ser si no especialista, al menos informado en la mejor forma de sacarle partido a las herramientas digitales que se encuentren a su disposición y ponerlas a mano del alumnado.

Una de las ideas que se repiten desde hace más de tres décadas es reclamarle al profesorado más cercanía y sensibilidad con los problemas de sus alumnos, entender mejor a la gente a la que intentan formar y así ser capaces de sacar de cada uno de ellos lo mejor. Si bien la reclamación es justa lo cierto es que el profesorado, muchas veces, se encuentra con unos padres no tan colaboradores o un alumnado que, desde casa, no es invitado a tener una mejor disposición. Es labor de estos últimos, padres y alumnos, reconocer la autoridad educativa que emana del profesorado y, claro está, colaborar todo lo posible en el día a día educativo acudiendo a tutorías y manteniendo, en la medida en la que los horarios laborales lo permiten, una relación estrecha con los profesores. Es labor indispensable de estos, los profesores, la de “seducir” a alumnado y padres para que se conviertan en los colaboradores necesarios para alcanzar los objetivos que se hayan marcado.

El nuevo mercado laboral reclamará a los alumnos una mayor formación humanística: ser más sensibles, más cercanos, más dispuestos a trabajar en equipo, que sepan aprovechar sus habilidades sociales o que, de verdad, sepan usar todo aquello que aprenden en un objetivo. Muchos de los colegios más avanzados de nuestro país ponen mucho interés en animar a sus alumnos a resaltar sus facetas más humanas, a ser más abiertos, más perceptivos, más receptivos a lo que el mundo tiene que ofrecerles.

El mundo actual nos reclama que nos impliquemos en la sostenibilidad, que seamos más respetuosos, más tolerantes, que respetemos más a los demás, que no veamos a las culturas ajenas a la nuestra como una amenaza, que seamos flexibles.

El profesor tendrá un papel principal en explicar estos conceptos que, muchas veces, son muy difusos, muy complejos y merecen un mayor esfuerzo personal, pues hablan de desterrar el egoísmo, por ejemplo. La sociedad del futuro será más libre, más concienciada y más respetuosa con el medio ambiente, la fauna o los derechos de los otros si su profesorado está implicado en esa batalla trascendental.

En esto el profesorado tendrá que poner tanto interés como en diseñar actividades y trabajos complementarios que se alejen, a lo mejor, del día a día académico y que, sin embargo, puedan ser usados por el alumno como experiencias de vida que los conviertan en mejores personas, que aprovechen mejor el ocio. Ya no vale solo con otro viejo mantra educativo muy popular de que las mentes ocupadas alejan de los malos hábitos. No solo hablamos de prevenir problemas de salud, hablamos de saber usar mejor la cabeza.

Tenemos que generar interés en los alumnos en aprender. Que no se lo tomen como algo aburrido o que no les va a aportar nada. El profesor del futuro tiene que abrir puertas y derribar muros, conseguir que el alumno comprenda que el aprendizaje es un proceso interminable pero, a la vez, nada invasivo: podemos estar toda nuestra vida aprendiendo cosas interesantes y que nos vayan a aportar a nuestra vida sin necesidad de sentirnos subyugados por ello.

Aunque lo pudiera parecer, el alumno siempre está dispuesto a aceptar retos y a aprender más, a tener una actitud positiva. Para ello solo hay que saber animarlo. Mucho más ahora cuando el conocimiento está al alcance de la mano. Ahora es cuando, con más fuerza, el profesor tiene que reclamar su protagonismo y explicar su papel y la importancia vital que tiene en el proceso de aprendizaje de un ser humano. Sí, casi todo el mundo tiene un acceso a internet y todo un torrente de información inagotable del que alimentarse pero, en realidad, siempre necesitamos alguien que nos coja de la mano y nos guíe.

Entonces, ¿Cómo será el profesor del futuro? Tendrá que tener, al menos, estas 10 características fundamentales:

  1. Digital
  2. Inspirador
  3. Cercano
  4. Humano
  5. Dialogante
  6. Multitarea
  7. Implicado
  8. Lúdico
  9. Provocador de experiencias
  10. Un guía 

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