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Descubre cómo las apps móviles y la venta masiva de smartphones ha contribuido a la mejora del rendimiento de las instalaciones públicas.

Las aplicaciones móviles contribuyen desde hace años a mejorar la gestión de los recursos hídricos y también su limpieza. 

En las regiones más pobres de África, el sudeste asiático o Latinoamérica, el agua es un bien tan preciado o incluso más preciado que en los países desarrollados. Allí las fugas en las infraestructuras o la posibilidad de que se contamine, se canalicen mal los residuos o no se esterilice con garantías son fenómenos que ocurren con relativa frecuencia. Las consecuencias, con sistemas de salud y vigilancia más endebles y determinadas costumbres ancestrales, han sido a menudo letales.

Hasta hace menos de cinco años, los datos sobre el rendimiento de las instalaciones eran más escasos e inexactos. Cuanto peor era la información obtenida, menos conocimientos poseían los líderes políticos y los funcionarios para tomar decisiones. La satisfacción de las auténticas necesidades de sus comunidades o la oportunidad de exprimir al máximo la inversión -siempre insuficiente- en las infraestructuras se resentían. Las vías para ayudar a corregir las costumbres ancestrales que volvían tóxica el agua exigían normalmente la presencia de expertos y voluntarios.

En los últimos cinco años, la situación ha empezado a cambiar. Las aplicaciones móviles y la venta masiva de smartphones de bajo coste, que han construido sobre el esfuerzo que se había hecho antes con otros terminales, han contribuido a que los datos que se obtienen sean mucho más precisos y constantes. También ayudan a que la gente pueda avisar de un mal funcionamiento de las instalaciones con el simple envío de una foto y la localización del incidente. Por último, la gamificación ha abierto la puerta a que los niños y las familias puedan aprender nuevos hábitos de higiene a través de videojuegos alojados en apps.

Queda un largo camino por delante. Quedan muchas instalaciones por sensorizar, muchos indicadores por definir para cuantificar la satisfacción del usuario mediante el big data y muchos terminales inteligentes por repartir antes de que la mayoría de la población pueda acceder a un smartphone. Dicho esto, el avance hasta aquí, gracias a las apps, ha sido significativo. E innegable.

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