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La videoconferencia (VC) ha pasado de producto de ciencia ficción a convertirse en un elemento más de nuestro día a día.

Ya son una minoría los profesionales cualificados que no la utilizan en la oficina. Todos hemos empezado a utilizarla también en nuestro tiempo de ocio.

En los ochenta, la vídeo-conferencia era absolutamente prohibitiva y delataba estatus más que utilidad (en este sentido, se parecía un poco a los teléfonos de los coches). Los sistemas de VC, con un audio inexistente o muy precario, se vendían a 250.000 dólares cada uno aunque es cierto que, al final de la década, existían fórmulas que ‘sólo’ costaban 80.000 dólares. Era un terreno de millonarios y multinacionales a las que les encantaba presumir.

En los noventa, se inició un período totalmente distinto. Internet, sus nuevos protocolos, las nuevas técnicas de compresión, la multiplicación de la capacidad de los equipos informáticos y la velocidad cada vez más rápida de descarga provocaron que casi todas las empresas multinacionales contasen con sistemas de vídeo-conferencia. Se veía y se oía con claridad, pero el uso de los aparatos, que ocupaban bastante espacio con sus altavoces y sus pantallas, estaba restringido. Los utilizaban sobre todo los directivos y en unas salas especialmente acondicionadas para ello.

El período en el que nos encontramos se puede considerar una explosión impresionante del uso de la vídeo-conferencia. Han convergido un abanico enorme de vientos favorables: la popularización de softwares innovadores, entre los que los más conocidos son Skype y los de las aplicaciones de mensajería instantánea que incluyen vídeo, la instalación de cámaras en casi cualquier equipo informático portátil y la enorme difusión de los dispositivos móviles inteligentes. La VC ya ni se emplea sólo para trabajar, ni por supuesto hay que celebrar reuniones de directivos para utilizarla. Cualquiera puede sumergirse en ella con su smartphone.

El futuro apunta a la mejora de la calidad del audio y el vídeo también para los dispositivos móviles, el protagonismo cada vez mayor de la nube (que nos evita sobrecargar nuestros equipos y mejorar la usabilidad) y la llegada de la realidad virtual y aumentada. Estos dos avances prometen acercar la experiencia de la VC a lo que sentimos con el contacto físico directo y ofrecernos herramientas que completen y expresen gráficamente la información que expresamos con nuestra voz.

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