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El programa Commercial Crew Development de la NASA ha contratado empresas privadas para lanzamientos de astronautas a la Estación Espacial Internacional.

El 21 de julio de 2011 el transbordador espacial Atlantis aterrizaba al final de la misión ST-135, durante la que visitó la Estación Espacial Internacional. Pero no era una misión cualquiera más sino que se trataba de la última de este tipo de naves, con lo que Estados Unidos se quedaba por primera vez desde 1981 sin la capacidad de poner astronautas en órbita por su cuenta.

Aterrizaje del Atlantis al final de la misión STS-125 – NASA

La idea era –y es– sustituir los transbordadores por la cápsula Orión. Fue presentada el 24 de mayo de 2011, aunque en realidad está basada en el vehículo tripulado de exploración del cancelado proyecto Constelación, que a su vez había sido presentado el 14 de enero de 2004.

Pero lo cierto es que tras años y años de retrasos –no sólo en la construcción de la cápsula sino también del Space Launch System, el cohete que ha de lanzarla– nadie sabe cuando volará la primera cápsula Orión, aunque la NASA asegura que ese primer lanzamiento se producirá entre 2020 y 2021. Y ese primer lanzamiento, en cualquier caso, será de pruebas, con lo que la cápsula no irá tripulada. Si todo va bien en esa misión la primera misión tripulada podría tener lugar, de nuevo según las fechas que maneja la NASA, en 2022 ó 2023.

Así que desde aquel 21 de julio de 2011 la NASA depende –irónicamente– de Rusia para lanzar sus astronautas a la Estación Espacial Internacional. Aunque tienen un plan B.

Este plan B es el Desarrollo de Tripulación Comercial o Commercial Crew Development, CCDev por sus siglas en inglés, un programa que busca contratar con empresas privadas lanzamientos de astronautas a la Estación Espacial Internacional. En marcha desde 2010 cinco empresas fueron incluidas una primera ronda de financiación, aunque en septiembre de 2016 la NASA anunciaba que Boeing y SpaceX habían sido las elegidas. Cada una de ellas recibía un contrato para hacer un lanzamiento no tripulado a la EEI, otro de certificación, ya tripulado, y seis vuelos regulares más. Las naves encargadas de llevar a cabo estas misiones serán la CST-100 Starliner de Boeing y la Dragon 2 de SpaceX.

Los primeros vuelos tenían que haberse producido en 2015 pero es habitual con cualquier programa espacial, se han ido produciendo retrasos. Sin embargo en marzo de 2019 SpaceX llevó a cabo el lanzamiento no tripulado que especifica el contrato, enviando una Dragon 2 no tripulada a la Estación Espacial Internacional y trayéndola de vuelta sin ningún problema, así que todo parecía indicar que pronto la empresa podía lanzar su primera misión tripulada a la EEI.

Impresión artística de una Crew Dragon a su llegada a la EEI – NASA/SpaceX

Pero a finales de abril, mientras hacían unas pruebas previas a esta misión, la cápsula estalló en la plataforma de pruebas, sin que afortunadamente hubiera que lamentar víctimas. SpaceX dice haber identificado el origen de la explosión y que sabe cuáles son los cambios de diseño necesarios, aunque ahora ya es dudoso que esa primera misión tripulada pueda producirse antes del primer trimestre de 2020.

Boeing, por su parte, va con algo más de retraso, ya que una fuga de propelentes durante unas pruebas en julio de 2018 obligó a rediseñar parte del sistema de combustible de la nave, con lo que tan siquiera han llevado a cabo el lanzamiento no tripulado que SpaceX sí ha hecho. Así que de nuevo es muy poco probable –mucho menos que en el caso de SpaceX– que Boeing pueda lanzar la primera misión tripulada de la Starliner antes de 2020.

Impresión artística de una CST-100 Starliner atracando en la EEI – Boeing/NASA

En cualquier caso, Estados Unidos ya lleva más tiempo sin poder enviar un astronauta al espacio que el que transcurrió entre la misión Skylab 4, lanzada el 16 de noviembre de 1973, y la STS-1, la primera de los transbordadores espaciales, lanzada el 12 de abril de 1981.

Y ya veremos cuando la NASA consigue lanzar un astronauta por sus propios medios.

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