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La digitalización y la aparición de la compra online nos ha llevado hoy a una forma diferente de comprar.

Todo ha sucedido a una velocidad asombrosa. En los últimos veinte años, el ecommerce ha reventado los cimientos que sostenían nuestra forma de comprar moda. Y eso se ha trasladado directamente al mundo físico y a la experiencia de los que ni siquiera compran por internet.

Empecemos por el principio, es decir, por el pasado. En el umbral entre el SXX y el SXXI, los menores de 40 años miraban escaparates, visitaban distintas tiendas, normalmente conocidas y próximas a sus casas, y hacían comparaciones muy imperfectas sobre los precios de las prendas o los accesorios que querían adquirir. Salvo en el caso de los básicos y de algunas marcas muy conocidas, era difícil que dos tiendas ofrecieran un modelo idéntico que les permitiese decantarse sencillamente por el más barato. Si se les había agotado el producto que deseaban, había que pedirlo, llamar por teléfono y volver a buscarlo otro día.

Hasta cuando sabían exactamente la marca, la talla y el color, tenían que desplazarse y probar suerte en la tienda. El servicio al cliente implicaba, en más de una ocasión, que el cliente tenía que adaptarse al comercio y no al revés.   

La digitalización y la aparición de la compra online nos ha llevado hoy a una situación muy distinta. Por supuesto que los menores de 40 años siguen mirando escaparates y hablando con los dependientes ¿Cuál es la diferencia? Que ahora son más selectivos y comparan lo que les ofrecen las tiendas y su capacidad para ofrecérselo a la misma velocidad y el mismo precio que la competencia de esas mismas tiendas en el ciberespacio. Eso significa que se diluye la necesidad de comprar y mirar escaparates sobre todo en la ciudad donde se vive. Cuando se zambullen en internet, pueden terminar comprando en una tienda online situada a cientos o miles de kilómetros de distancia.   

Ahora, también, las comparaciones son más precisas porque encuentran más modelos parecidos en internet. Si se les agota el producto, en las grandes marcas internacionales normalmente existe la posibilidad de encargarlo y de que se lo envíen a casa o a su establecimiento más próximo a nuestro domicilio.  Por supuesto, cada vez son menos los que compran en un establecimiento físico un modelo que necesitan con urgencia y que saben perfectamente cómo les queda. Lo buscan y lo compran online con el móvil en pocos segundos. Los clientes sienten que tienen más poder y facilidades que antes.

El futuro apunta hacia un curioso diálogo entre el mundo digital y el mundo físico. Ahora, son cada vez más los ecommerce de moda que abren o se alían con otras para abrir espacios físicos. Por el mismo motivo, son cada vez más las tiendas físicas que transforman sus establecimientos con tecnologías digitales como los probadores inteligentes, la realidad virtual y aumentada o algo tan sencillo como poder comprar dentro de la tienda física un producto que se ha agotado pero que está disponible en la tienda online. Tanto los que compran por internet como los que no lo hacen están viviendo una gran convergencia física y digital cuando se compran algo tan prosaico como una camisa, un vestido o unos zapatos.

¿Qué otros aspectos de nuestra vida ha cambiado la tecnología? Descúbrelo en más posts.

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