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Las máquinas que fabrican máquinas ofrecen múltiples oportunidades en sectores industriales pero también tienen aplicaciones en sectores en interacción con el humano como el sector sanitario o de servicios.

Una de las posibles aplicaciones de la inteligencia artificial es la capacidad que tienen las máquinas de hacer más eficiente el diseño y construcción de otras máquinas, es decir, máquinas que fabrican otras máquinas. Para que una máquina sea capaz de crear debe ser sometida a un complejo proceso de aprendizaje que le permita conceptualizar y optimizar las características de la nueva máquina.

En este proceso, el Internet de las Cosas tiene un papel protagonista, ya que los datos de la interacción entre las máquinas supone la principal fuente de información para este aprendizaje.

Puede parecer que estas máquinas que crean otras máquinas por sí mismas, pertenecen a la ciencia ficción, pero existen. Un ejemplo concreto de ello es la fabricación del Tesla Model 3, donde no ha habido ningun componente humano en su diseño y construcción. Como explicaba David Drai en el Future Trends Forum sobre Modelos de Negocio Disruptivos “en la fabricación del Tesla Model 3 no hay ni un solo toque humano. En las primeras semanas de la primera remesa de Model 3, Tesla recibió 400.000 pedidos. Es una cifra elevadísima: ningún humano puede fabricar semejante cantidad de coches. Pero se les ocurrió una forma de aumentar el ritmo de fabricación: utilizar máquinas de inteligencia artificial que fabrican otras máquinas”

Este será una de las principales aplicaciones de la inteligencia artificial fuerte: emular el crecimiento y el aprendizaje de una persona humana, para aprender de sí misma. En la actualidad la inteligencia artificial realiza mejor que un humano una tarea específica, como, por ejemplo, jugar al ajedrez, pero en el futuro próximo, las máquinas serán capaces de aprender y realizar múltiples tareas por sí mismas. 

Uno de los mecanismos para hacer un seguimiento de estos avances es el Test de Turing. El test de Turing (creado en 1950 y con múltiples desarrollos posteriores) prueba de la habilidad de una máquina para comportarse como un humano. Este test, ya superado en múltiples ocasiones no exentas de polémica, certifica que hay maquinas que interactúan con humanos de forma inteligente sin que nosotros, los propios humanos, sepamos que son máquinas.

Las máquinas que fabrican máquinas ofrecen múltiples oportunidades en sectores industriales, pero también tienen aplicaciones en sectores en interacción con el humano como el sector sanitario, de servicios, etc. Y esta interacción permitirá que las maquinas aprendan de este contacto, para hacerse cada vez más ‘inteligentes’.

Si quieres conocer más sobre las oportunidades de la inteligencia artificial, descarga la publicación de Modelos de Negocio Disruptivos.

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