Future Trends Forum 11 Feb 2021

Biorreciclaje: Una bacteria recientemente descubierta podría utilizarse para reciclar plásticos.

Se abre uno de los campos de innovación más prometedores para la sostenibilidad medioambiental: el reciclaje de plásticos mediante el uso de bacterias.

El bio-reciclaje o bio-conversión consiste en utilizar seres vivos para convertir desperdicios creados por los seres humanos en materiales que pueden volver a ser útiles.

El término engloba el uso industrial de seres vivos (bacterias, hongos, insectos) para el bio-procesado, desde materia orgánica hasta lo más puntero que os traemos hoy: el reciclaje de plásticos.

El bio-procesado de materia orgánica es ya una realidad que se irá haciendo cada vez más habitual: Los productos que se obtienen son biocombustibles, fertilizantes y alimentos para ganado y mascotas. Si quieres profundizar en este ámbito, te recomendamos la lectura del libro “Food Waste Management”, y en concreto, el capítulo “Insect-Based Bioconversion: Value from Food Waste”.

El reciclaje de plásticos mediante la utilización de seres vivos es un ámbito muy novedoso que está aún en fase de I+D, pero se abre un campo muy interesante para la innovación, aportando soluciones que ataquen uno de los problemas medioambientales más graves que padecemos.

Tras décadas de uso excesivo del plástico, se ha producido una catástrofe medioambiental global. Como apunta Naciones Unidas, hasta 12 millones de toneladas de plásticos son arrastrados a los océanos cada año y están surgiendo las llamadas "islas de plástico". Si bien se espera que la mayoría de los plásticos permanezcan intactos durante décadas o siglos después de su uso, los que sí se erosionan terminan como microplásticos, consumidos por los peces y otros animales marinos, abriéndose camino rápidamente en la cadena alimentaria mundial. De hecho, se han encontrado microplásticos en todas partes, desde el Ártico hasta las montañas suizas, en el agua del grifo y en las heces humanas.

Sumándose a las campañas de concienciación de uso y reutilización de los plásticos, a las iniciativas de limpieza de los océanos y de reciclado químico y físico de plásticos, la prometedora iniciativa de uso de bacterias para reciclar plásticos, abre una ventana de esperanza para revertir la catástrofe medioambiental. Hasta la fecha, se utilizan soluciones de reciclaje químico o como combustible para la producción de energía, con problemas de contaminación aún sin solucionar.

El bio-reciclaje que se está investigando es para los poliuretanos, que se utilizan ampliamente como espumas y materiales aislantes. Para examinar la biodegradabilidad bacteriana de los poliuretanos, se aisló una bacteria del suelo de un sitio rico en desechos plásticos, del género de las Pseudomonas, que se ha demostrado que es capaz de alimentarse de poliuretano y de degradarlo: se alimentan de polímeros que descomponen en monómeros que se pueden reciclar fácilmente.

Así se recoge en el trabajo publicado por el medio especializado Frontiers of Microbiology.

El siguiente paso es conseguir industrializar el proceso con cepas controladas.

La investigación está financiada por la Unión Europea, dentro del programa “P4SB – From Plastic waste to Plastic value using Pseudomonas putida Synthetic Biology”.

Además de su uso en biodegradación, las especies del género Pseudomonas se emplean en distintos procesos industriales, tales como la fabricación de bioplásticos o en técnicas de biocontrol.

En resumen, la I+D en Microbiología sobre las bacterias Pseudomonas puede llevarnos a innovaciones de gran calado en la sostenibilidad. No olvidemos que el poliuretano está presente en infinidad de productos de consumo diario: elastómeros, adhesivos selladores de alto rendimiento, suelas de calzado, pinturas, fibras textiles, sellantes, embalajes, juntas, preservativos, componentes de automóvil, y en la industria de la construcción y del mueble.

Respecto a los plásticos en general, en España aún se queda en los vertederos alrededor del 40% de los plásticos considerados desperdicios o basura, tal y como nos muestra la siguiente figura:

Queda mucho camino por recorrer. Países como Alemania y otros del norte de Europa, con normativas muy estrictas al respecto, consiguen bajar esa cifra hasta alrededor del 5% del total.  

 

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