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Future Trends Forum 16 Jul 2018

Cada vez compramos más juguetes online, ¿desaparecerá la juguetería tradicional?

Los precios de Amazon tienen pocos rivales en el mundo físico y sus plazos de entrega, que ahora se pueden contar por horas y no por días, también.

Lo que fue un ritual -comprar en una juguetería- ha perdido interés y atractivo rápidamente en los últimos años. Ahora casi da igual ir a la tienda o comprarlo desde casa.

No nos quedaban muchos rituales, pero algunos sí. Uno de ellos, hasta hace menos de cinco años, era algo tan sencillo como escuchar semanas de lamentos de nuestros hijos por un juguete sin el que no podían vivir (hasta que llegase el siguiente). Después sufriríamos delante del comercio donde lo vendían mientras el niño miraba ávidamente el escaparate y luego se volvía hacia sus padres. Por último, lo compraríamos un día a escondidas en la tienda para darle una sorpresa. Por supuesto, el chaval tardaría menos de una semana en aburrirse de la muñeca o romper la antena del coche teledirigido. Pero esa sonrisa habría merecido la pena.

Ahora eso cada vez ocurre menos. No es que los niños no sonrían o se queden embobados en los escaparates, claro, sino que los adultos compran con mucha más frecuencia los juguetes online. Concretamente, según la consultora PwC, nos aporta casi lo mismo acercarnos a una tienda que encargarlos desde casa. Los catálogos de papel, que devorábamos cuando éramos pequeños en Navidad para señalar con el dedo o el boli los muñecos y juegos que queríamos, no son tan prácticos y visuales como las imágenes del ordenador o los dispositivos móviles. Los precios de Amazon tienen pocos rivales en el mundo físico y sus plazos de entrega, que ahora se pueden contar por horas y no por días, también.

La consecuencia a medio plazo, además de la reciente suspensión de pagos de Toys ‘R’ Us, es que las tiendas a pie de calle necesitarán ofrecer una experiencia memorable y diferente si no quieren seguir el mismo camino que las librerías (o peor, porque los precios de los libros están regulados y los de los juguetes, no).

Para fabricar esa experiencia están intentando entender mejor a sus clientes (de ahí el bum de programas de fidelización), organizar actividades que enloquezcan a los más pequeños (ellos mismos pedirán volver y sus padres, más de una vez, saldrán con bolsas de la tienda) y especializarse en productos que haya que ver y tocar o merezcan la explicación de un dependiente entusiasta. Algunas cadenas han empezado a vender por internet y les animan a los padres, tíos y abuelos a que vayan a recoger los pedidos a las tiendas.  

El futuro avanza en la dirección de digitalizar lo digitalizable y hacer memorable el resto.

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