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Conoce algunos de los elementos que están impulsando el ecosistema startup en China.

2025, 2030 y 2050: son tres de las fechas marcadas en rojo en el calendario de China. La primera hace referencia al plan estatal Made in China 2025, que tiene como objetivo posicionar al país a la cabeza de la innovación tecnológica. La segunda y la tercera son las fechas límites que se ha marcado para conseguir dos hitos: ser líder mundial en inteligencia artificial en 2030 y convertirse en la primera potencia económica del mundo en 2050. China tiene un plan ambicioso en el que la innovación tecnológica -y las startups capaces de generarla- juegan un papel determinante.

China es la casa de 206 unicornios (cifra ligeramente superior a los 203 contabilizados Estados Unidos, según la firma de investigación Hurun); Beijing y Shanghái se cuelan entre los diez ecosistemas de startups más potentes del mundo; el país destinó más del 2% de su PIB a I+D en 2018 y sus oficinas de propiedad intelectual recibieron 1,54 millones de solicitudes de patentes, el equivalente al 46,4% del total global.

Es indiscutible que China es un país complejo que tiene tantas luces como sombras. Pero vale la pena resaltar algunos de los elementos que están impulsando el ecosistema startup. Algunos de éstos son: un fuerte apoyo estatal, una vinculación estrecha entre la universidad y el ecosistema, una apuesta clara por el I+D, el poder de atracción de la inversión y una serie de referentes cuyo nombre es mundialmente reconocido (entre ellos Alibaba, Tencent, Xiaomi o Baidu). Al poner la lupa sobre alguno de ellos, observamos que:

  • Músculo inversor. El volumen de inversión procedente de los fondos de venture capital en el tercer trimestre de 2019 creció un 12% en relación con el trimestre anterior, con 18,52 millones de dólares repartidos entre 633 operaciones. También aumentó el tamaño medio de las rondas de financiación, que alcanzó 13,9 millones de dólares, según los últimos datos de Dow Jones. En el mismo periodo, y a pesar de que la sombra del capital winter continúa cerniéndose sobre las startups, varias gestoras anunciaron el “cierre” de 17 fondos de venture capital, que captaron 3.240 millones de dólares.
  • Apoyo estatal. Más allá del debate sobre el proteccionismo que impera en el gigante asiático, cabe destacar una serie de iniciativas estatales orientadas a respaldar el ecosistema startup. La primera de ellas es el ya mencionado plan Made in China 2025, que incluye la creación de 15 centros nacionales de ciencia y hubs de innovación tecnológica para el año que viene, y 40 más para 2025. Por otro lado, prevé otorgar ayudas a aquellas empresas que inviertan en I+D, así como fomentar la aplicación de big data y cloud computing.
    El Estado también gestiona algunos fondos de inversión en empresas emergentes y financia proyectos de distinta índole, como la construcción de un parque tecnológico centrado en el desarrollo de inteligencia artificial en Beijing (con una inversión de 2.100 millones de dólares) o el impulso de Innoway, considerado como el Silicon Valley de China. Este mismo año, el país lanzó un nuevo índice tecnológico bursátil (STAR) similar al Nasdaq.
  • Universidades. Las universidades chinas son una cantera de talento para las empresas tecnológicas, origen de muchos de los avances en I+D y casa de los programas tecnológicos más avanzados en IA y otras tecnologías. Son parte intrínseca del ecosistema startup, en el que se generan múltiples sinergias con distintos actores. En España, en cambio, la mayor vinculación entre empresas y universidades es una demanda constante del ecosistema emprendedor.
    Entre las cien mejores universidades del mundo (según la clasificación QS World University Ranking 2020) se encuentran seis universidades chinas: Tsinghua University (16º posición), Peking University (22º posición), Fudan University (40º posición), Zhejiang University (54º posición), Shanghai Jiao Tong University (60º posición) y University of Science and Technology of China (89º posición).
  • Foco en I+D. La inversión del gigante asiático en I+D representa el 2% de su PIB a paridad de poder adquisitivo, según los datos más recientes de la Unesco. En dólares, la cuantía asciende a 370.605,5 millones de dólares. El sector privado es uno de los más activos en términos de inversión en I+D y es responsable del 77,2% del gasto en esta partida. Le siguen el sector público (15,8%) y las universidades (7%). En España, la inversión en innovación sobre el PIB es del 1,24%. Los mismos datos de la Unesco reflejan que la proporción de investigadores en China es de 1.096 por cada millón de habitantes.

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