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En Europa, es casi imposible encontrar un servicio de taxis que no cuente con su propia app y que no ofrezca ventajas a cambio de utilizarla para pedir un taxi online

En poco tiempo, hemos pasado de pedir un taxi llamando por teléfono o de pararlo por la calle a pedirlo y pararlo en el ciberespacio.

Hasta hace poco menos de diez años, nadie tenía la menor duda de cómo se tomaba un taxi. La primera opción era llamar a la centralita, esperar a que te cogieran y pedirle a la operadora -muy rara vez se escuchaba una voz masculina- que nos enviase un vehículo a una dirección determinada. La segunda alternativa consistía en hacerle una señal en la calle al vehículo o acudir a una parada concurrida, porque también las hay desiertas. En este sector, el teléfono móvil servía para llamar, no para navegar.

El nacimiento y la presión de Uber lo han cambiado todo en los últimos cinco años. La multinacional ha dejado de ser una empresa y se ha convertido en un fenómeno cultural: surgieron decenas de imitadoras en todo el mundo. Con la competencia de Uber se puede considerar que el sector del taxi empezó a dar sensación de viejo e ineficiente. Sobre todo los menores de treinta años comenzaron a ver las ventajas de que un coche viniera a recogerlos simplemente clicando en una aplicación móvil. Es verdad que el ‘fenómeno Uber’ no se entiende sin la universalización del smartphone y la utilización masiva de las apps.

Se puede decir que el sector del taxi se está uberizando hasta cierto punto. En Europa, es casi imposible encontrar un servicio de taxis que no cuente con su propia aplicación móvil y que no ofrezca bonos o descuentos a cambio de utilizarla para pedir un taxi online. Los estándares de calidad de los vehículos y los viajes también están mejorando gracias a las aplicaciones de taxis, porque los clientes insatisfechos ya no se limitan a poner mala cara en el asiento de atrás. Ahora pueden valorar el servicio a la vista de todo el mundo en internet y, lo que es peor, pueden pasarse a servicios como Uber o sus imitadores.  

Es difícil de prever la próxima estación de este fenómeno. Aunque el escenario ha cambiado, han transcurrido menos de ocho años desde que Uber lanzó su primera app. Todavía son muchísimos los usuarios que no utilizan las aplicaciones de taxis y la regulación sigue limitando la actividad de los coches y las flotas que compiten con ellos.

Lo que sí parece claro es que los clientes cada vez recurriremos más a las apps para pedir un taxi online, que aparecerán nuevas ‘recompensas’ para los usuarios fieles, que los datos masivos derivados de la utilización de las aplicaciones permitirán servicios cada vez más personalizados y que los taxistas y conductores cada vez ofrecerán menos trayectos y más experiencias, menos transporte y más servicios que añadan nuevo valor a los pasajeros. El coche autónomo no tardará en incorporarse al transporte de pasajeros y en darle un giro nuevo a la revolución que ha desatado Uber. Lo que hemos visto es sólo el principio. 

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