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Lo que ayer era inconcebible hoy empieza a transformarse en rutina gracias a la economía colaborativa.

La economía colaborativa nos anima al pluriempleo y, muy especialmente, cuando hablamos de compatibilizar nuestras profesionales principales con el reparto de un puñado de paquetes.

Todo ha sido muy rápido y muy reciente. Hasta hace poco, lo más natural, si alguien pedía un paquete, es que se lo trajera o enviara una empresa dedicada al reparto y la entrega. La otra posibilidad era confiárselo a un amigo o familiar para que hiciese eso mismo. Ni se nos pasaba por la cabeza pedirle a un desconocido que llevase por nosotros un sobre importante o presentarnos delante de un desconocido para ofrecernos.

La cosa empezó a cambiar, de alguna forma, con la comida a domicilio. Hasta hace diez años, era obvio que o nos la llevaba a casa un repartidor del restaurante o un amigo o familiar con el que fuésemos a devorarla o que, al menos, le pillara de camino.

Resultaba inconcebible que lo hiciera una especie de ‘espontáneo’ en bicicleta, es decir, un trabajador ocasional de la plataforma digital que gestionaba los pedidos (JustEat, Deliveroo, etc.). Ese espontáneo podía ser cualquiera de nosotros en nuestras horas muertas y esta forma de trabajar es tan novedosa que los tribunales todavía se están poniendo de acuerdo sobre cómo valorarla. A veces, por supuesto, se producen abusos.

Es verdad que, en los últimos años, la economía colaborativa se ha expandido y ha colonizado también la entrega de todo tipo de paquetes. El ejemplo más obvio en España es Glovo, una startup valorada en alrededor de 70 millones de euros que comenzó con los envíos de comida a domicilio y ahora reparte casi cualquier cosa. La acogida ha sido lo suficientemente impresionante como para que Amazon se haya sumado y aparezcan competidores locales.

Todo ello, además del influyo de Uber, nos lleva a una situación donde, del mismo modo que el comercio electrónico impulsado por el ‘marketplace’ de Amazon o Wallapop nos convertía a todos en vendedores y compradores potenciales, ahora la economía colaborativa impulsada por Glovo nos convierte a todos en posibles repartidores. 

Lo que ayer era inconcebible hoy empieza a transformarse en rutina.  

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