Ir en patinete eléctrico es menos contaminante que hacer ese mismo trayecto con un vehículo a gasolina. Pero ¿es el patinete eléctrico un transporte ecológico?

Los cascos urbanos de decenas de ciudades tienen desde hace pocos años un nuevo inquilino: los patinetes eléctricos compartidos. Este microvehículo es el resultado de dos revoluciones que han agitado al mismo tiempo la movilidad urbana. La primera es el perfeccionamiento de los motores eléctricos, capaces ya de colocarse casi en cualquier tipo de vehículo y que por fin tienen costes asumibles y baterías de buen rendimiento. La segunda es el rotundo triunfo de las plataformas que emplean algoritmos para optimizar la disponibilidad de las flotas y hacer posible que muchos usuarios puedan disponer de manera cómoda y ágil de unos mismos vehículos. Su éxito da a entender la profundidad de los cambios en la movilidad que atraviesan las ciudades disruptivas, que fueron analizados por el Future Trends Forum en 2018.

Los patinetes llegaron a España haciendo ruido: su repentino despliegue provocó reacciones defensivas en algunos consistorios. El Ayuntamiento de Barcelona ha sido especialmente duro con este nuevo medio de transporte, al que se considera invasivo porque ocupa espacio en las aceras y estorba a los peatones, además de servirse del espacio público (se aparcan en cualquier lado) con fines privados (a diferencia del transporte público, las operadoras no manejan otro criterio que la búsqueda del beneficio).

Pero hay un argumento ante el que hasta los mayores detractores de este fenómeno se quedan indefensos: el mediambiental. Ir en patinete eléctrico es menos contaminante que hacer ese mismo trayecto con un vehículo a gasolina. El claim de las compañías de patinetes compartidos es que contribuyen a evitar atascos, reducen la cantidad de gases de efecto invernadero emitida por trayecto y ayudan a crear un planeta más limpio. Contribuyen, en definitiva, a que las ciudades sean un poco más limpias.

Patinete eléctrico, ¿transporte ecológico?

Un estudio publicado este año pone en duda que el impacto ecológico de los patinetes eléctricos sea tan positivo como se dice. Un equipo de investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte analizó las emisiones de todo el ciclo de vida de los patinetes, desde su fabricación hasta su recarga, recogida y colocación en puntos estratégicos que encajen con los patrones de movimiento de los usuarios. 

Las conclusiones son demoledoras. Tomando en consideración todo el ciclo de vida, los patinetes eléctricos compartidos emiten más gases de efecto invernadero por kilómetro y por pasajero que un autobús diésel con muchos ocupantes, que un ciclomotor eléctrico, que una bicicleta eléctrica o que una bicicleta normal (las emisiones de esta última son las derivadas de su fabricación y transporte).

Otro dato impactante: los patinetes producen aproximadamente la mitad de las emisiones de un coche estándar, alrededor de 125 gramos de dióxido de carbono por kilómetro contra los 258 de los coches. Por cada dos patinetes que vea circulando por la ciudad cuente un coche en términos de contaminación.

Viajes prescindibles

El estudio destaca, además, que solo una tercera parte de los usuarios de patinetes eléctricos encuestados habría decidido usar su coche u otro vehículo compartido en caso de no haber tenido un patinete disponible. La mitad hubiera ido a pie o en bicicleta, el 11% en transporte público y el 7% directamente no se hubiera desplazado.

Conclusión: en dos de cada tres veces, los trayectos en patinete eléctrico compartido implican la generación de más gases de efecto invernadero (tomando en cuenta todo el ciclo de vida del vehículo) que su alternativa.

¿Cómo podrían mejorarse estos registros? Una de las claves sería aumentar la vida útil de los patinetes. Mientras que las operadoras dicen que cada vehículo puede dar dos años de servicio, un análisis de Quartz reveló que a la práctica la media se sitúa en menos de un mes. Si lograran alcanzar los dos años prometidos, sus emisiones caerían un 30% por kilómetro. 

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