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Un premios que reconoce la desobediencia responsable y ética de sus estudiantes para “desafiar nuestras normas, reglas o leyes para beneficiar a la sociedad”.

Hace poco más de un año, Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, animó al Instituto Tecnológico de Massachusetts (el MIT, en Estados Unidos) a explorar la idea de un Premio a la Desobediencia. La prestigiosa institución se tomó la sugerencia muy en serio y creó, dentro de su laboratorio Media Lab, el galardón ‘Media Lab disobedience Award’, dotado con 250.000 dólares (unos 213.000 euros) en efectivo. Su propósito: reconocer la desobediencia responsable y ética de sus estudiantes para “desafiar nuestras normas, reglas o leyes para beneficiar a la sociedad”.

Así lo explica este vídeo:

Vídeo: MIT Media Lab

La convocatoria se abrió en julio de 2016 y cerró el pasado julio de 2017. Podían presentarse proyectos individuales o grupales en disciplinas como la investigación científica, los derechos civiles, la libertad de expresión, los derechos humanos o la libertad de innovar, por ejemplo. Entre los miembros del jurado se encuentran, sobre todo, expertos en los campos en los que esperaban más nominados: activismo, periodismo, ciencia y arte.

De los 7.800 candidatos que se habían presentado, el MIT Media Lab hizo una preselección de la que quedaron 220 finalistas para evaluar. Y, finalmente, los jueces escogieron a los dos ganadores: Mona Hanna-Attisha y Marc Edwards. Ambos son científicos convertidos en activistas. “Se valieron de investigaciones rigurosas para ahondar en las preocupaciones de los ciudadanos de Flint (en Michigan, EE.UU) y con ello desentrañar un misterio que muchos en posiciones de poder hubieran preferido mantener en secreto”, señala el MIT Media Lab en un comunicado.

Ganadores del MIT Disobedience Award / David Silverman Photography

“Ambos -prosigue el comunicado- enfrentaron el acoso y el ridículo por su trabajo y se arriesgaron a ser penalizados con sanciones académicas debido a que habían desafiado convenciones relacionadas con el sistema de revisión por pares en su propósito de llamar la atención sobre la crisis del agua de Flint antes de que afectase a más gente”. “Su trabajo demuestra que la ciencia y la erudición son herramientas poderosas para el cambio social como el arte y la protesta, y nos desafía a quienes pertenecemos a la Academia a usar nuestros poderes para el bien”, sentencia la institución.

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