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¿Cómo serán los coches del futuro? La digitalización y multiplicación de la eficiencia energética están dando un vuelco a los coches tal y como los conocimos.

A finales de los noventa, los automóviles eran, esencialmente, unas máquinas analógicas que consumían gasolina o diésel y que conducíamos para transportarnos rápidamente de un lugar a otro. Las interacciones entre el conductor y el vehículo eran mínimas y unidireccionales. Él nos avisaba de que le faltaba combustible y nosotros le ordenábamos que cerrarse o abriese las puertas. Por supuesto, estos vehículos destacaban entre las mayores fuentes de emisiones de CO2 del mundo.

A principios del SXXI, internet aceleró su velocidad y sus funcionalidades y las instituciones y los gobiernos fijaron cada vez más límites a las emisiones. El petróleo se disparó y las empresas de automoción redoblaron sus esfuerzos para que sus clientes no tuviésemos que gastar tanto dinero en las gasolineras. Además, empezaron a ver que la eficiencia energética nos preocupaba por motivos económicos, por supuesto, pero también ambientales.

Ahora nos encontramos en una fase de transición marcada por la revolución de la eficiencia y diversificación energética de los vehículos y su conectividad. Las nuevas tecnologías de eficiencia y diversificación energética han multiplicado su impacto, como puede verse, por ejemplo, en la popularización de los coches híbridos, que no sólo consumen gasolina sino también electricidad (se estima que el tamaño de este sector puede cuadruplicarse desde 2015 a 2024). Las emisiones de los híbridos son un 40% más bajas que las del resto y su precio ya no es inaccesible para la mayoría.

La otra gran novedad de este período es la irrupción de la internet de las cosas. Hablamos del coche conectado, por ahora sobre todo de gama alta, que permite que interactúen con nosotros y con las infraestructuras inteligentes.

El siguiente paso es la universalización de los coches conectados y la sensorización de la mayoría de las infraestructuras de transporte. Eso se convertirá en la antesala del vehículo autónomo, que no necesitará que lo conduzca un ser humano. En paralelo, los vehículos híbridos empezarán a verse acompañados cada vez más de otros híbridos ‘enchufables’ a la red y vehículos eléctricos en la carretera. Habremos pasado, en pocas décadas, de unos automóviles analógicos que consumían petróleo, se comunicaban unidireccionalmente y teníamos que conducir nosotros, a otros digitales que consumirán electricidad, se comunicarán bidireccionalmente y podrán conducirse solos.    

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