Las metodologías de innovación nos ayudan a organizar las ideas, pero el verdadero motor de la innovación es el ser humano.

Agile, Design Thinking o Lean se han convertido en parte de nuestro vocabulario cuando hablamos de innovación. Pero también han permeado más allá de sus fronteras. Cuando cualquier joven profesional se adentra en el terreno corporativo, muy pronto se verá familiarizado con procesos de cualquiera de estas tres metodologías en su día a día. 

Son lenguajes comunes que permiten organizar y dar estructura a procesos. Phil Sang Gu Yim, consultor independiente de estrategia de innovación y educador, explica que aun cuando su popularización pueda haberles restado atractivo, siguen siento útiles: «Todos tenemos que usarlas. Hay aspectos técnicos que debemos superar y podemos recurrir a ellas para conseguirlo». 

Pero más allá de esto, Yim hace un especial hincapié en la importancia del elemento humano que, en muchos casos, falta en la ecuación; no solo a la hora de aplicar una metodología, sino en el propio ámbito de la innovación. «Para mí, la metodología perfecta debería tener pasión y emoción. Pero ninguna puede funcionar si no va acompañada de visión», de una guía que marque un propósito claro y un objetivo hacia el que dirigir los esfuerzos.

Innovar está en la esencia del ser humano

La visión es un factor puramente humano. Pero es que la acción y el deseo de innovar también entran dentro de esa misma categoría. Llevamos innovando desde los inicios de la humanidad, cuando empezamos a pensar cómo podíamos hacer mejores herramientas, o almacenar comida de manera más eficiente. Aunque la palabra como tal sea de acuñación más reciente, el significado lleva siglos acompañándonos.

Del mismo modo que, para Yim, sigue intacto el concepto social que tiene la innovación: «Hacer el mundo mejor para el mundo, eso es innovar. Si es para mí solo, es más un proceso creativo. La innovación tiene ese elemento colectivo, de comunión». 

Tal y como definimos desde Fundación Innovación Bankinter, la innovación tiene que aportar un valor social. Una idea verdaderamente innovadora no puede aplicarse únicamente al ámbito de lo privado, de lo individual. Tiene que tener una repercusión en la comunidad.

La innovación es, indiscutiblemente, un acto colectivo, en tanto que el beneficio que reporta no se concentra en el individuo, sino en la sociedad. «Después de diez años dirigiendo equipos de innovación, al final todo se reduce al elemento humano», apunta el experto en innovación con una sonrisa.
 

Para liderar la innovación, remarca Yim, hacen falta visionarios, personas que nos lleven a donde queremos llegar. Pero para conseguirlo, para dejar que un guía ejerza como tal, necesitamos algo esencial que, como hemos podido observar en el último Future Trends Forum, el think tank de la Fundación Innovación Bankinter, no se encuentra en su mejor momento. «Necesitamos confianza en un momento en el que estamos teniendo un problema de desconfianza. Cuando hablamos de niveles muy altos de innovación, nos jugamos mucho. Y estamos reclamando todo esto en un entorno de desconfianza», explica el ex-gerente de estrategia digital de BBVA. 

Nuestros expertos expusieron diferentes tipos de soluciones que gobiernos, medios de comunicación, administraciones y corporaciones pueden poner en marcha para superar el escollo que está suponiendo la actual crisis de desconfianza. Para Yim, se trata de una cuestión, de nuevo, puramente humana: «Para superar esto debemos encontrar a un líder al que podamos sentir, que nos ayude a superar la incertidumbre».

Innovar en tiempos de incertidumbre

Yim tiene una visión clara y crítica del entorno corporativo en términos de innovación. Conoce bien los procesos que se llevan a cabo y la relación directa que hay entre la inversión que se realiza en ellos y su resultado. El consultor lo pone blanco sobre negro: «La innovación funciona según esté financiada». 

En muchos casos, quien está a cargo de tomar las decisiones económicas en la empresa en lo relativo a este ámbito también es el responsable de gestionar sus pérdidas y beneficios. «El ROI —o retorno sobre la inversión— en innovaciones de tipo disruptivo es cero durante los cinco primeros años», declara Yim, por lo que es bastante frecuente encontrarnos con porcentajes muy bajos o directamente nulos de inversión en innovación.

Y, sin embargo, es un escenario muy humano. Porque estamos pidiendo decisiones racionales a una persona que está en un entorno de incertidumbre. Los seres humanos somos capaces de tomar ese tipo de decisiones cuando estamos en un entorno de certidumbre, cuando podemos prever las consecuencias de nuestras acciones o determinar la causalidad de lo que nos sucede. Pero cuando nos movemos en entornos de incertidumbre, no podemos esperar que quienes toman las decisiones lo hagan de la misma manera. Yim empatiza con este tipo de responsables: «Llevas tus ideas a un directivo senior y le lanzas de lleno a un panorama de incertidumbre. Y una vez ahí, le pides que tome una decisión de futuro, justo bajo la presión de esa incertidumbre». El resultado, en la mayoría de las ocasiones, no es el deseado, pero el consultor aboga por insistir: «Tienes que superar ese primer no y seguir enseñándole esa misma idea». 

Porque, al final, tal y como apunta Yim, hay un factor clave que determina el éxito tanto de la innovación como de una startup, y que ya identificó Bill Gross, fundador de Idealab. Y es el timing. El momento.

Las metodologías como Agile, Lean o Design Thinking pueden contribuir a que cualquier empresa o startup trabaje y optimice los otros cuatro factores del estudio de Gross y que son, después del timing y por orden de importancia, equipo/ejecución, idea, modelo de negocio y financiación. 

Pero ninguna puede contribuir a encontrar ese momento perfecto en el que presentar una idea, iniciar una investigación o emprender, opina Yim. «Aprender más sobre estos procesos de decisión puede ayudarnos a mejorar el progreso de la innovación en el mundo corporativo».

La visión de Sang Gu Yim nos aporta una perspectiva original y fundamentada sobre el ángulo humano de la innovación. Nos quedamos con la necesidad de generar espacios de confianza, establecer relaciones en las que fomentar una toma de decisiones que no dependan únicamente del balance final del año, buscar líderes que tengan visión de futuro y ser capaces de dejarnos guiar por ellos. Ya que, tal y como él mismo dice, «la mejor innovación siempre es fruto del trabajo en equipo».



 

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