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El big data para uso sanitario se están convirtiendo en una ayuda imprescindible. Las ventajas de anticiparse no sólo nos facilitan la vida. Es que salvan vidas.

La recolección y análisis de datos masivos ligados a la prevención y el tratamiento de enfermedades ya ha empezado a influir en nuestras decisiones gracias a las apps y los dispositivos móviles.

Antes, cuando estallaba una enfermedad, grave o leve, y empezaba a contagiarse masivamente, nos enterábamos por los medios de comunicación y por todos los que empezaban a sufrirla. Si los niveles de contaminación o polen eran elevados y podían provocarnos asma u otros problemas respiratorios, o nos lo decía un médico cuando ya empezábamos a padecerlos o se los escuchábamos a otros que ya los padecían. Normalmente, llegábamos tarde.

Esto, en países emergentes, podía suponer un tremendo desafío. El hecho de que las autoridades sanitarias distribuyan tarde unas vacunas o antibióticos puede provocar un efecto letal. Las ventajas de anticiparse no sólo nos facilitan la vida. Es que salvan vidas. 

El big data para uso sanitario se están convirtiendo en una ayuda imprescindible. Ahora es perfectamente posible que contemos con una app en nuestros teléfonos como la española Zensei, que nos avise de los niveles excesivos de contaminación o polen y que, si somos asmáticos, nos recomiende salir a la calle con nuestro inhalador de confianza. También es posible que utilice modelos predictivos que estimen los momentos del año donde se concentran históricamente los cambios bruscos de temperatura o la irrupción de la gripe. Nos dirá: ten cuidado, que tú lo cojes todo. 

En paralelo, en países menos desarrollados, las autoridades sanitarias pueden localizar la multiplicación de las conversaciones en las redes sociales sobre un determinado tipo de enfermedad infecciosa y rastrear de esa forma un posible brote antes de que se propague de una forma demoledora. También, una vez más, pueden estimar, gracias al diluvio de datos y el abaratamiento de su análisis, qué comunidades tienen más probabilidades de sufrir una alerta médica.

Es difícil anticipar el futuro, porque sólo nos encontramos al comienzo del desarrollo de este tipo de tecnologías, como big data, para uso sanitario. También es complejo evaluar su impacto. Lo que podemos intuir con bastante certeza es que a la revolución del big data le queda mucho camino por recorrer en los próximos años. Sólo estamos viendo la punta del iceberg de una gran transformación.

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