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La cuestión es que el teletransporte ya existe en el mundo real, aunque no como nos lo habíamos imaginado.

Estamos acostumbrados a colocar el teletransporte en el casillero de la ciencia ficción más rotunda, en el mismo cajón que la telepatía, los hombres voladores o los viajes a la velocidad de la luz. La saga de Star Trek popularizó el concepto en la segunda mitad del siglo pasado, aunque quizás con algún error de base que entonces se desconocía.

La cuestión es que el teletransporte ya existe en el mundo real, aunque no como nos lo habíamos imaginado. Por el momento tendremos que conformarnos con el teletransporte a escala cuántica. La teleportación cuántica, que bebe de las leyes de la física cuántica, existía en el plano teórico desde los años noventa; un equipo de investigadores logró en 2012 transferir las propiedades de unos fotones (partículas de luz) desde el telescopio Jacobus Kapteyn de La Palma a una estación de la Agencia Espacial Europea ubicada en Tenerife, a 143 kilómetros de distancia. El experimento logró mover en el acto información de dos fotones muy alejados, demostrando así que la teoría podía llevarse a la práctica.

Otros dos experimentos más recientes, llevados a cabo por equipos independientes en China y Canadá, han probado que se pueden hacer transferencias de información cuántica codificada también en fotones a través de varios kilómetros de fibra óptica. Eso abriría la puerta al desarrollo del internet cuántico, una revolución para las comunicaciones similar a la que supuso internet en su momento, en tanto que sería capaz de enviar cantidades ingentes de información en un tiempo apenas apreciable.

Este verano se ha dado un paso más. Un equipo de investigadores chinos ha ideado una manera para evitar la alta volatilidad de los fotones: enviar las partículas solares a un satélite en órbita, que a su vez los transmite a la ubicación de destino. Se logra así que la mayor parte del viaje de los fotones se desarrolle en el vacío, que no les desgasta, de manera que consiguen desplazarse más lejos conservando la información que deben trasladar.

Volviendo a Star Trek

Efectivamente: la teleportación fuera de las escalas subatómicas sigue siendo una utopía. Pero como la ilusión es lo último que se pierde, en el caso de que algún día se logre teletransportar personas, convendría tener en cuenta algunas cosas. Por ejemplo, que la operación consiste en realidad en descomponer átomo a átomo un cuerpo y reensamblarlos en otro lugar. Eso significaría, desde un punto de vista filosófico, que tu yo anterior al viaje deja de existir (o no) y nace otro tú nuevo en otro lugar. ¿Qué tú eres realmente tú, el de antes o el de después del teletransporte? Puede que incluso haya dos tús a la vez… Sobre esta paradoja, aunque en este caso en el contexto de la hipotética transferencia de la mente a un dispositivo, debatieron Antonio Damasio y Aubrey de Grey en el Future Trends Forum de 2017 dedicado a la longevidad

Los creadores de Star Trek no conocían la teleportación cuántica, que se descubrió en los años noventa. Resulta, sin embargo, que esta tecnología no funciona sin destruir las partículas que se teletransportan antes de que aparezcan reensambladas en otro lugar. Es decir, tu yo muere en el lugar A para aparecer (quizás con otra consciencia) en el lugar B. De ahí que haya quien ha bautizado los teletransportadores de Star Trek como cámaras de suicidio.

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