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Antes de lanzar tu proyecto, es necesario que valores si va a cubrir alguna necesidad. Para ello, una de las claves que tienes que contemplar es realizar un MVP en tu startup.

A la hora de emprender y montar tu startup, los más experimentados en este universo siempre aconsejan planificar y realizar un análisis fiable antes de lanzar cualquier negocio. Se trata del MVP, el ‘minimum viable product’ o producto mínimo viable.. Es imprescindible conocer el mercado, las características del ‘target’ al que nos queremos dirigir, las posibilidades de crecimiento en el medio y largo plazo… Son muchas las variables a tener en cuenta antes de lanzarse a crear una startup. Así se podrá comprobar si la idea que han tenido es tan efectiva como ellos creen y tiene posibilidades de alcanzar el éxito que ellos han dibujado en su mente.

Al hablar del MVP nos referimos a un prototipo de aquello que está en la mente del emprendedor, una primera prueba que cuenta con las funcionalidades básicas del producto o servicio que quiere lanzar al mercado y que, por lo tanto, permite a los potenciales consumidores probarlo. De esta forma, son ellos los encargados de validar si realmente cumple sus expectativas, si tendría éxito o no en el mercado y, por supuesto, cuáles son los aspectos que se podrían mejorar.

La importancia del MVP en una startup 

Porque antes de lanzar tu proyecto, será imprescindible responder a una serie de cuestiones tales como: ¿por qué tengo que lanzar este producto o servicio en este mercado? ¿Realmente es necesario? ¿A qué público puede interesarle? ¿Es suficientemente cuantioso el número de usuarios que podrían querer adquirirlo? Y, claro está, ¿existe ya algo parecido en ese sector? De ser así, ¿cuáles son los motivos por los que los usuarios elegirían mi idea en lugar de aquella que le propone la competencia? Para poder responder a todas estas preguntas el MVP resulta fundamental.

Esta práctica es totalmente habitual en las compañías y, más aún, en aquellas startups que más éxito han alcanzado en los últimos años. Un buen ejemplo es Uber. En 2009, su fundador lanzó un prototipo para que fuera testeado por los usuarios de la ciudad de Nueva York. En este caso, para acceder a Ubercap.com, como llamaron a aquella primera prueba, los potenciales clientes debían de mandar un email a los creadores para darse de alta en el servicio. Aquel MVP solo permitía a los usuarios registrarse, escribir su dirección y la aplicación se encargaba de notificarlo al conductor más cercano. Algo sencillo para comenzar a comprobar si su idea tenía cabida en el mercado del transporte neoyorquino o no.

Convertir una idea en un proyecto real gracias a un MVP

El propósito final que persigue la creación de un producto mínimo viable no es otro que llevar aquello que está en la mente del emprendedor a la realidad. Solo de esta forma, podrá valorar aquellos factores que no tuvo en cuenta a la hora de pergeñar su idea. Problemas que surgen a la hora de crear el prototipo y que podrían suponer un mayor coste para el producto, o las mejoras que debería implementar en la distribución para así reducir esa partida, así como los detalles de los que ningún integrante del equipo se haya podido percatar pero los usuarios encargados de testear el servicio sí que pudieron darse cuenta.

Para que el MVP que construyas cumpla el objetivo, tendrás que prestar atención al ciclo propio de este prototipo. De esta forma, después de completar la primera fase en la que tendrás que construirlo una vez que hayas decidido cuáles son las funcionalidades que debe tener para probarlo de forma efectiva en el mercado, tendrás que establecer ciertas métricas. En función de cuál sea tu producto o servicio, tendrás que determinar aquello que debes evaluar, ya sea el número de visitas, el de descargas, si hacer o no ciertas preguntas a los usuarios… Y, sobre todo, debes de tomar nota y aprender todas las lecciones que se desprendan de este proceso.

Los usuarios serán los encargados de darte su veredicto y, en base a sus respuestas, tendrás que saber qué mejorar y qué mantener de cara al producto final que lances al mercado. En ese punto, puede que tengas que volver al primer punto para crear una segunda versión del MVP o que, por el contrario, detectes que tu producto no cubre ninguna necesidad en ese mercado y tengas que pivotar hacia otra idea.

Piensa que lo más probables es que no des con el producto mínimo viable a la primera, por lo que tendrás que recurrir a la fórmula de ensayo-error tantas veces como sea necesario. La clave es tratar de, en el menor tiempo posible, realizar el mayor número de pruebas y así conocer más el producto, sabiendo lo que tienes que mejorar y lo que más gusta a los clientes. O si tienes que descartar alguna característica por completo, que también puede ocurrir. Eso sí, no vale desmotivarse lo más mínimo, porque todo será aprendizaje hasta lograr el producto o servicio que sí que cubra una necesidad de ese mercado. Además, esta será una nueva prueba para convencer a los inversores de que tienen que apostar por esa idea. ¿Te atreves con un MVP en tu startup? 

 

 

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