​Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Politica de cookies

Conoce algunos de los errores a evitar, en los que coinciden los expertos en recursos humanos, a la hora de gestionar un equipo.

¿Qué define a un buen líder? Unos apuestan por su capacidad de escuchar, otros abogan por que tenga empatía, y otros señalan su capacidad de gestionar bien la compañía. Los criterios son amplios y diversos, pero el denominador común es sólido: contar con un buen jefe o líder tiene un impacto directo en la felicidad de los empleados en sus puestos de trabajo, según la VIII Encuesta Adecco sobre Felicidad en el trabajo.

Gestionar equipos humanos es, probablemente, una de las mayores dificultades a las que se enfrentan los emprendedores y empresarios. La situación de cada empleado puede tener un impacto directo en el trabajo que desempeña en la compañía, y saber encauzar la situación, motivar al empleado y darle espacio para crecer son metas que hay que trabajar. De lo contrario, las consecuencias pueden llegar a ser nefastas: absentismo laboral, equipos desmotivados, fuga masiva de talento y desplome de la productividad.

La ecuación es sencilla: sin un buen equipo, difícilmente habrá un buen producto. Y sin producto, no hay empresa. Y aunque cada persona es un mundo y para estilos de liderazgo, colores, estos son algunos de los errores a evitar en los que coinciden los expertos en recursos humanos a la hora de gestionar un equipo.

  1. No saber escuchar. Atender a las ideas, sugerencias y comentarios de tu equipo, incluso las que procedan a nivel individual, puede marcar la diferencia entre un producto bueno o excelente. Muchos de los problemas que lastran la productividad de los equipos pueden resolverse de forma interna y con pequeños cambios. Saber escuchar implica también ser receptivo, una cualidad que puede atajar rápidamente futuros conflictos en el caso de empleados desmotivados, afectados por una situación personal u otros.
  2. Vivir de espaldas al feedback. La confianza es un camino de doble vía, ¿por qué no el feedback? Muchos equipos están implementado sistemas de retroalimentación que consisten en reuniones mensuales, en las que el empleado recibe y otorga feedback a su superior. No hay mejor forma que comprobar tus puntos fuertes y débiles como líder que obteniendo información directa de aquellos con los que trabajas.
  3. No dejarles tomar decisiones. El fundador de Apple, Steve Jobs, contaba en esta entrevista que su cometido principal en aquella época era reunirse con los distintos equipos de la empresa para debatir ideas y resolver los problemas que fueran surgiendo. El entrevistador le preguntó si sus equipos le contradecían las ideas que él proponía. Y Jobs replicaba que por supuesto, que de lo contrario no tendría sentido. Dejar que tu equipo tome decisiones es un voto de confianza hacia ellos como profesionales, les permite aprender de los posibles errores, les motiva en sus aciertos y les ayuda en su desarrollo.
  4. Tratar a todos los miembros del equipo por igual. No hay dos trabajadores iguales, así que, ¿por qué debería ser efectivo aplicar el mismo estilo de liderazgo a todos los integrantes de tu equipo? El liderazgo situacional, basado en el modelo de Paul Hersey y Ken Blanchard, consiste en la adopción de un estilo de liderazgo en función de la situación y nivel de desarrollo de los empleados y las necesidades del equipo.
  5. No darles espacio para crecer profesionalmente. Dice Bill Gates, fundador de Microsoft, que “los líderes serán aquellos que favorezcan el empoderamiento de los demás”. Liderar no es solo decidir, sino trazar el camino y acompañar a otros en su desarrollo profesional. Ponerle la zancadilla a tu equipo no hará más que animarlo a buscar una mejor experiencia en otras compañías.
  6. No reconocer su trabajo. Reconocer los logros de los empleados, motivarles constantemente, respetarles como profesionales y hacerles sentir partícipes del proyecto contribuye a la creación de una relación de confianza, en la que el trabajador se siente a gusto y puede ofrecer lo mejor de sí mismo, sabiendo que ese esfuerzo no caerá en saco roto.