En los últimos meses, el valor de las startups en el mercado nacional está subiendo por varios factores que han resultado determinantes para el ecosistema.

Incluso en el año de la Covid-19, el 2020, en España las inversiones en startups aumentaron en un 4%. Esta tendencia no ha parado y en los últimos meses los mercados internacionales han sido testigos de un crecimiento sostenido en las inversiones en innovación: el escenario propicio para las startups. Esto también explica el aumento de las valoraciones registrado en prácticamente todos los mercados del planeta, incluida España. Pero las razones de este éxito son múltiples.

En Europa, la tasa de inversión en empresas de tecnología está creciendo más rápidamente que en Norteamérica y Asia. Sifted informa que, en la primera mitad de 2021, los venture capital invirtieron 47.400 millones de euros en startups europeas, superando las cifras de todo 2020. Significa una tasa de crecimiento anual del 143%, la más alta de cualquier gran ecosistema en los últimos cinco años. El apetito de los inversores indica que la escena europea está alcanzando la madurez y que ha demostrado su capacidad de resiliencia durante la pandemia.

Un adelanto del próximo informe de Dealroom muestra que, en 2021, la participación en Europa del venture capital global es más alta que nunca, y España no es una excepción. Entre enero y el primero de abril de este año, las startups captaron en el mercado nacional más de 1.541 millones de euros, frente a los 1.105 millones de 2020, según datos del Observatorio de Startups de la Fundación Innovación Bankinter.

Es cierto que estos registros son la consecuencia de las rondas millonarias protagonizadas por algunas de las startups de más alto perfil de nuestro mercado, Jobandtalent, Idealista, Wallapop, Travelperk y Glovo. Juntas estas compañías acumularon 1.220 millones de euros en 3 meses y un día (la ronda de Glovo se llevó a cabo el día 1 de abril), pero el fenómeno es más generalizado.

¿Cómo se establece el valor de una startup?

Las startups no funcionan igual que las demás empresas, ya que, en sus fases iniciales, no cuentan con métricas anteriores para saber si las cosas van bien o no. Tampoco tienen clientes que les puedan financiar directamente y necesitan acudir al mercado para desarrollar una idea y luego un producto. Así, los únicos que pueden financiarlas sin generar deuda son los venture capital, los business angels o, como mucho, los FFF, es decir, familiares y amigos. En realidad, hoy asistimos a una profesionalización de las inversiones, donde el capital riesgo asume mayor protagonismo.

La valoración pre-money se establece antes de que la empresa levante nuevo capital. Es un elemento fundamental para quienes tienen que decidir si creer o no en una startup. Por eso, una evaluación coherente beneficia a ambas partes: empresarios e inversores. De hecho, permite sentar las bases de una sólida equity story y mantiene el equilibrio adecuado entre accionistas inversores y accionistas fundadores.

Dicho esto, el éxito de una inversión es el resultado de una alquimia que solo puede atribuirse en parte a la presencia de determinadas métricas. No es un resultado matemático y lo que marca la diferencia puede ser la intuición de los inversores y las habilidades adquiridas con el tiempo. A menudo, al menos en las etapas más tempranas, el valor de una startup se atribuye en función de factores externos, como la reputación de los fundadores o la salud del sector en el que opera.

En las fases sucesivas, las rondas ya responden a métricas más definidas. El Berkus Method o el First Chicago Method, por ejemplo, son dos de los muchos modelos que se emplean para valorar una startup. Por supuesto, pueden existir diferencias entre emprendedores e inversores, siendo los primeros quienes últimamente tienden a atribuir valoraciones más elevadas a su propia creación.

Venture capital en busca de nuevos rendimientos

Según Juan Revuelta, General Partner de Swanlaab, “es una tendencia natural que muestra el positivo avance del proceso de madurez del ecosistema de emprendimiento en España. En general, la subida de las valoraciones, dentro de valores razonables, ha sido algo natural en todos aquellos países que han experimentado una mejora de su ecosistema”, asegura.
Carlos Moser, Investment Manager en Inveready, añade que este cambio de tendencia en las valoraciones se debe también, en buena parte, a que  “haya inversores dispuestos a pagarlas”.

A esto hay que añadir algunos factores externos. El primero es de origen monetario y está vinculado a las políticas expansionistas del BCE. Las bajas tasas de interés y el Quantitative Easing hacen que el capital busque rendimientos en otras partes. Muchos se van a los fondos de private equity que invierten en compañías en dificultad, las vuelven a poner en valor para luego venderlas. Pero estas compañías escasean y entonces la mirada del capital riesgo se dirige hacia las startups.

Revuelta lo explica perfectamente: “El número de fondos activos es cada vez mayor y esto, inevitablemente, genera una presión al alza del precio de los activos”. Al mismo tiempo, aclara el directivo,la calidad de los proyectos emprendedores ha mejorado muchísimo en la última década, lo cual los hace más valiosos, y además también atrae el interés de inversores internacionales lo que tiende a acrecentar la disponibilidad de capital”. Los emprendedores son conscientes de ello y consideran que su producto puede conseguir valoraciones más altas que antaño.

Los inversores extranjeros participaron durante 2020 en un 18,2% de las operaciones en el mercado español, pero supusieron el 45,1% del volumen invertido. La internacionalización, de hecho, es otra de las causas de la subida de las valoraciones. En ecosistemas más desarrollados, como Alemania, Francia, Reino Unido y, sobre todo, EE. UU., las valoraciones hace tiempo que se dispararon, por tanto, los venture capital buscan oportunidades en mercados más asequibles como aún es España.

La internacionalización es consecuencia de un ecosistema maduro

La subida de las valoraciones de las startups en España, empujada, entre otros factores, por la fuerza de los fondos foráneos, no es un hecho negativo. Como explica Juan Revuelta, este elemento “ha traído credibilidad y profesionalización a un mercado que estaba aún en una fase muy temprana de desarrollo. Es algo que pone a España en el mapa y nos refuerza como país capaz de generar proyectos innovadores con capacidad de escalar y competir a nivel internacional”, asevera.

Carlos Moser lo valora como algo muy positivo, ya que “cuanto más cerca nos situemos de los grandes fondos internacionales, mejor será la capacidad de crecimiento de las compañías ya que les permitirán acceder a mayores recursos que puedan fomentar una mayor rapidez en el escalado y la expansión internacional”.

Lo cierto es que los fondos más potentes no han cambiado sus criterios, y son pocas las startups que en España cumplen con estos requisitos. Por otro lado, la entrada de capitales extranjeros obliga a adaptarse a una nueva realidad en la que los fondos locales están obligados a ser más competitivos. 

En cuanto a los pequeños inversores que, hasta ahora, apostaban por invertir en las fases más tempranas, según Revuelta, “cada uno tiene su hueco”. De hecho, argumenta, “los fondos internacionales y grandes fondos españoles no están invirtiendo en fases muy tempranas y creo que la oportunidad para esos pequeños inversores sigue estando ahí”. Para Carlos Moser, la mejor forma para estos pequeños inversores de mantenerse en el ciclo es diferenciarse, “más allá de ser únicamente socios financieros, o bien aportando conocimiento sectorial o especializado (negocio, técnico, etc.) o activamente apoyando el crecimiento de la startup”.

De cara al próximo futuro, es probable que esta tendencia al alza siga produciéndose, ya que el desfase con respecto a países de nuestro entorno sigue siendo importante. Esto podría, incluso, tener reflejos positivos en el mercado laboral. Revuelta considera que “la mayor capitalización de las startups repercutirá en mayor competencia por el talento y una subida de sueldos y retribuciones para puestos de alto nivel de cualificación. Esto, a su vez, hará que las startups tengan más necesidad de capital, empujando las valoraciones al alza: es un círculo vicioso, aunque también una señal clara de desarrollo del ecosistema”.
Por otro lado, Moser apunta a que la madurez del ecosistema permitirá “encontrar una mayor capacidad de financiación de proyectos en etapas iniciales”, que progresivamente evolucionará hacia una “mayor cantidad de fondos que permitirán financiar las Series A y siguientes directamente desde España, en lugar de tener que ir a buscar a otros mercados europeos como sucede a día de hoy”.

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  • Roberto Ridolfi
    Roberto Ridolfi

    Subdirector General de Apoyo a los Programas y Cooperación TécnicaUnited Nations Food and Agriculture Organization (FAO). en FAO