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No te vuelvas loco: no tienes por qué emprender a toda velocidad, hay otras alternativas

Por norma general, el emprendimiento tecnológico suele llevar un ritmo desorbitado: testear la idea, montar el equipo, lanzar el MVP cuanto antes, salir al mercado, conseguir financiación, crecer, escalar, conseguir posiblemente más financiación… parece estresante, ¿verdad? Pues sí, puede llegar a serlo.

Frente a este modelo, que es el más habitual (y seguramente el más lógico, tampoco nos engañemos), en los últimos años ha venido implantándose otro que conviene estudiar detenidamente: el bootstrapping. O lo que es lo mismo, emprender a tu ritmo, de manera calmada y sin meterte en la vorágine habitual.

¿En qué consiste el bootstrapping? Podemos resumirlo en tres ingredientes:

  • Pocos recursos. Es evidente que de entrada no vas a contar con una financiación millonaria, ni mucho menos. De hecho, lo más probable es que cuentes con tus propios recursos o, como mucho, una financiación modesta y procedente de tu entorno cercano.
  • Ritmo pausado. Frente a las habituales aceleradoras, el bootstrapping se convierte casi en una ‘desaceleradora’: no se trata de ir rápido, sino de saber a dónde vas y tomarte tu tiempo para hacerlo.
  • Sostenibilidad. El bootstrapping no busca que tu empresa sea la más escalable del mundo, precisamente: se conforma con que crees un proyecto sostenible que dé soporte a todos los miembros de tu equipo.

¿Quieres instalar la filosofía bootstrapping en tu compañía? Te damos cuatro pasos para empezar a hacerlo:

  1. Sé ligero. Y con esto nos referimos a todo: no busques una idea complicadísima, no armes un gran equipo y tampoco intentes empezar con grandes cantidades de dinero. Te conviene empezar humilde e ir creciendo poco a poco.
  2. ¿Necesitas financiación? Es probable que sí, como casi todo el mundo, pero sé consciente de una cosa: quizá los grandes fondos de inversión decidan no apostar por ti, ya que tu modelo no se adapta a su forma de invertir y (sobre todo) desinvertir. Puedes empezar con financiación, pero hazle saber a tu inversor que aspira a recuperar su dinero con un cierto interés, pero no a multiplicarlo.
  3. Largo plazo. En el post de la filosofía lean startup te hablábamos de que no pienses en el futuro de tu startup a cinco años, sino a cinco meses. Pues bien, aquí te decimos lo contrario: planifica bien tu futuro y sin demasiada opción a la improvisación.
  4. Elige bien el sector. Ojo, que el bootstrapping puede estar muy bien, pero no es válido para cualquier sector. Si tu nicho de actividad es uno en el que las cosas cambian cada poco, quizá deberías cambiar. Busca sectores sostenibles y en el que las prisas no sean un valor esencial.

¿Vas a lanzar tu startup siguiendo esta metodología? Te recomendamos leer los consejos para emprendedores de nuestro blog.

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