Emprendedores 06 Abr 2021

“Hay que dejar atrás rivalidades y pensar en un gran ecosistema ibérico de startups”

Conclusiones del encuentro del 31 de marzo en Clubhouse sobre qué se cuece en el ecosistema español de Startups, donde se propuso colaborar para estabilizar un gran ecosistema de startups ibérico.

Las dos ciudades más grandes de España se encuentran entre las diez mejores ciudades para emprender del mundo, cada una con sus ventajas respecto a la otra. Pero, de cara al futuro de la innovación, deberíamos dejar de ver a Madrid y Barcelona como competidoras y comenzar a pensar en un único ecosistema nacional. Esta es la conclusión a la que llegamos en nuestro encuentro en Clubhouse del 31 de marzo.

La charla, moderada por Javier Megías, director de nuestro programa Startups, tenía como objetivo reflexionar acerca de la situación actual del ecosistema startupero en España. Le acompañaron Gerard Olivé, emprendedor de larga trayectoria en Cataluña y cofundador de Wallapop y Glovo; y Miguel Arias, director de emprendimiento global de Telefónica y uno de los pioneros en el nacimiento de Chamberí Valley, el conocido hub madrileño.

Pero para mirar al mañana no hay nada mejor que echar un vistazo al pasado. El ecosistema emprendedor español ha cambiado mucho desde 2005, cuando todo empezó. “En aquel entonces, se hacían rondas de 3.000 euros. Ahora, han llegado las ‘megarondas’ de hasta 450 millones”, explica Arias. 

Sorprendentemente, tras este año atípico, el ecosistema español ha crecido y vive un momento dulce. “Con la pandemia hemos interiorizado que las distancias son mucho más cortas”, añade, y esto también ha atraído la llegada de inversores extranjeros muy potentes. En concreto, gigantes asiáticos como Tenzent o Alibaba. Según Megías, “hay cierto runrún en Silicon Valley de que en Europa hay empresas en las que merece la pena invertir”. En concreto, esta ola de grandes corporaciones acaba de llegar a España “y estamos empezando a surfearla”. Gracias en parte a todo el talento nacional que han ido a probar su valía al extranjero y han demostrado que aquí hay grandes oportunidades. 

Aunque la incorporación de empresas internacionales interesadas en invertir en nuestro país haya traído muchas ventajas —por ejemplo, fondos de financiación mucho más amplios, mayor facilidad para acceder al talento y la estandarización de salarios a un nivel superior— la desventaja principal a priori es, precisamente, competir a su nivel. Y para ello, según Arias, “debemos exprimir las fortalezas de nuestros hubs de innovación más reconocidos y actuar con ambición, pensado a lo grande”.

Madrid es un ecosistema maduro y vibrante. En él se asientan las sedes de las grandes empresas extranjeras y del IBEX 3,5 además de tener una conexión inmejorable con el resto de la península y con el exterior. Para Arias, Madrid “es una ciudad abierta, que acoge a todos, y con una personalidad enfocada en el B2B que nos da mucha ventaja”. Sin embargo, opina que lo que le falta a la capital es mejorar la marca de la ciudad y hacerla más atractiva a los fundadores y compradores extranjeros.

Este es el punto en el que, tanto para Arias como para Olivé, Barcelona lleva la ventaja. “Porque es una ciudad muy atractiva por su estilo de vida”, explica el catalán. También porque es una ciudad en la que el talento está impulsado por escuelas locales y en la que se están desarrollando proyectos y startups enfocados al B2C y al gaming, uno de los sectores más valorados por las grandes corporaciones asiáticas. Y los inversores atraen a los inversores. Este efecto llamada requiere de medios capaces de aceptarlo. Aquí es donde entra la “necesaria cooperación” entre Barcelona y Madrid.

“Necesitamos dejar atrás rivalidades históricas y empezar a pensar en un gran ecosistema ibérico", señala Olivé. Es necesario apostar por la creación de un nuevo storytelling que posicione a España como un país en el que se trabajan tanto el B2B como el B2C y que lo convierta en un mercado referencial cada vez más sólido y en más verticales. También es clave que integre a otros hubs como el valenciano, el malagueño o el bilbaíno —este último, con gran proyección hacia la industria 4.0—. Todo, con el objetivo de impulsar la creación de riqueza sostenible mediante un modelo global, multidisciplinar y disruptivo.

“Para conseguirlo somos nosotros, los emprendedores, los nuevos y los de siempre, los que debemos arrimar el hombro y sacar pecho”, concluye Megías. “Hemos demostrado que somos capaces de mucho y de vertebrar equipos y comunidades que trabajan en torno a un propósito”. Aunque para alcanzar esta retroalimentación entre varios ecosistemas tan cercanos y vivos no basta con las palabras y la buena voluntad.

El progreso pasa por hacer funcionar “en condiciones” los mercados públicos, con una legislación flexible y una fiscalidad retocada que anime a las industrias españolas a invertir en startups, que llame la atención del IBEX 35. Porque, al final, para que el mercado madure necesitamos más que inversión, negocio. Y para posicionarnos a nivel mundial necesitamos más que competir, conciliar.

 

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