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Emprendedores 15 Jun 2020

Errores que han cometido otros emprendedores… y que tú debes evitar I

Aunque no resulte demasiado alentador, es conveniente repasar aquellos fallos que cometieron otras startups para así esquivarlos y conseguir que el proyecto alcance los éxitos por los que tanto has peleado.

Lo queramos o no, las estadísticas no son nada halagüeñas con aquellos que deciden jugarse el todo por el todo y crear su propia compañía. Los datos hablan por sí solos y, según un estudio de Forbes, el 90% de las startups acaban fracasando. No obstante, todas las situaciones tienen su parte positiva y esta circunstancia no iba a ser menos. Es por ello, que hay que repasar los errores de aquellos proyectos que no han conseguido llegar a buen puerto para saber detectarlos cuando se presenten y evitar cometerlos, para así conseguir alcanzar las metas con las que ha surgido nuestra idea.

Los fundadores, enemigos habituales

Por contradictorio que parezca, son precisamente aquellos que pusieron en marcha la idea y quienes han decidido poner su tiempo al servicio de la startup, los principales responsables de que el proyecto acabe por fracasar. Al fin y al cabo, de la misma forma que podemos recurrir al clásico ‘quién no se arriesga no gana’, tampoco podemos perder de vista el hecho de que solamente aquellos asumen mucha responsabilidad en el proyecto son los que pueden acabar por tomar decisiones erróneas, aquellos que pueden contratar a los perfiles equivocados, aquellos que deciden a qué destinar la financiación… y, en definitiva, aquellos que pueden impedir que un proyecto llegue a buen puerto.

Haciendo un repaso por los este tipo de casos, podemos apreciar que existen dos motivos principales por lo que esto ocurre:

  • Por un lado, por el hecho de que los emprendedores no son capaces de dejar a un lado su ego y mirar en otra dirección. Son muchas las startups que se han visto abocadas al fracaso porque sus creadores se aferraron a la idea inicial y no son capaces de aceptar que van en la dirección equivocada. Este es el primer error que debemos evitar: si detectamos que la idea inicial no es la adecuada, hay que virar el rumbo cuanto antes. La tozudez no es buena consejera en este sentido. Si algo no funciona, no hay motivos para tirar la toalla ni mucho menos pensar que se ha fracaso. Siempre hay tiempo de pivotar, de buscar nuevas metas que conquistar para hacer que la startup siga funcionando pero, ahora, en una nueva dirección.
  • Y el otro motivo por el que los fundadores pueden acabar por convertirse en los peores enemigos de sus propios proyectos es porque puede que en lugar de dar protagonismo a la racionalidad, se dejan llevar por sus egos. Puede que, aunque todos los indicadores muestren que la startup no atraviesa su mejor momento, los emprendedores no dejen de pensar que lo tienen todo resuelto, quieran demostrar que todos están equivocados y que ellos son los más inteligentes de la sala, los únicos capaces de salvar los muebles. Para intentar no defraudarse a sí mismos, acaban por defraudar a quienes les rodean que ven cómo todo se va al traste, mientras que los fundadores no lo ven.

Esta es la segunda lección: no se trata de ser héroes, el principal objetivo es que el proyecto acabe siendo un éxito y si todo indica que las cosas no se están haciendo bien, habrá que hacerlas de otro modo. De la misma forma que los emprendedores tienen que estar dispuestos a poner todo su tiempo al servicio de la startup, tendrán que hacer lo mismo con su ego. En caso de haber fallado, tienen que tienen que asumir su responsabilidad y tratar de corregir sus errores

Vender la piel del oso...

Este otro error que puede costar muy caro al proyecto también es culpa de los fundadores (responsables de todo, para bien y para mal), pero también puede haber otros implicados. Una circunstancia que ha empujado a muchas startups al cierre ha sido empezar a construir la casa por el tejado. Esto quiere decir que sin tener una base sólida sobre la que crecer, sus equipos directivos decidieron invertir una buena parte de la inversión conseguida para diversas campañas de publicidad y marketing. Al final, se trata de difundir un mensaje sobre un servicio o proyecto que, por un motivo o por otro, no era del todo seguro y fiable.

¿Qué pasa si después de invertir un buen monto del fondo de la compañía hay que pivotar? Puede ocurrir que, en mitad del proceso, se detecte que no existe un mercado consistente para el producto que se ofrece, o que el servicio aún cuenta con diversos problemas que, aunque se pueden subsanar, llegan a los clientes que han apostado por el. Esto puede provocar que, como ya comentábamos, haya que cambiar de rumbo. Y claro, ocurre que todo el dinero que se ha invertido al departamento de marketing ahora es más necesario en otros para acabar de ultimar el servicio que se está ofreciendo o, porqué no, lanzar uno totalmente nuevo.

Por todo ello, resulta aconsejable no vender la piel del oso antes de cazarlo. Es recomendable ir con pies de plomo, afianzar cada paso que damos y, hasta no estar totalmente seguros de la fiabilidad del proyecto, de que realmente existen potenciales clientes dispuestos a adquirirlo y que, una vez en sus manos, todo funcionará correctamente, es mejor no lanzar las campanas al vuelo. Si eres emprendedor o piensas serlo, esto te ahorrará muchos quebraderos de cabeza y puedes evitar un desenlace no deseado para tu proyecto.

Al final, tan solo se trata de actuar con cautela, por un lado, y apostar por la humildad, por otro. Saber escuchar los consejos de aquellos que vean la situación con otros ojos y quieran ayudarte es algo fundamental si quieres que tu startup llegue a buen puerto.

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