La pandemia ha supuesto un antes y un después en nuestras vidas, pero todo lo que ha generado no desaparecerá con ella.

¿Puede la COVID-19 causar profundos cambios sociales a largo plazo? Según el informe ‘10 tendencias post-COVID-19’, de la consultora internacional Opinno, la pandemia ha dado lugar a cambios que perdurarán y nos definirán como sociedad. Entre los más fácilmente reconocibles, se encuentran los nuevos hábitos de higiene que, sin duda, ayudarán a evitar infecciones futuras más allá de la COVID-19. Pero hay muchos más.


¿Habrá un nuevo contrato social?


La COVID-19 ha acelerado la digitalización, lo que ha impulsado el teletrabajo: del 4,3% antes de la pandemia al 30,2% durante el confinamiento. Esto ha aumentado la “escasez relativa de talento”, la diferencia entre empleos publicados y trabajadores que poseen las  habilidades demandadas.

Las naciones tienen problemas para formar rápidamente a su población, y pensadores como Noah Yuval Harari acuñaron términos como “inempleables” (no pueden trabajar) en oposición a “desempleados” (no encuentran trabajo). Parece que el nuevo contrato social dependerá de un modelo de servicios básicos universales, y quizá de una Renta Básica Universal o RBU.
Esta inempleabilidad aumenta aún más el tiempo libre por persona y año, que no ha dejado de crecer desde hace décadas. Aunque cada vez ganamos más a la hora, cada década trabajamos menos horas al año. El resultado neto es una capacidad económica decreciente que, según el informe de Opinno, fomentará tanto la capacidad de ahorro como el consumo local.

Una mirada local y un nuevo cambio de valores


 Sumado a la emergencia climática, que apunta a la globalización como motor de gases de efecto invernadero, la COVID-19 está impulsando valores nacionalistas como la compra local. Estos hábitos de consumo proteccionistas pueden sentar las bases para una economía más circular, y dar así una oportunidad para reindustrializar el país usando los fondos europeos.
Además de este cambio de valores, la pandemia ha traído otros también sociales: los héroes han cambiado. Si hace unas décadas eran los futbolistas y antes de la pandemia eran los youtubers, ahora los héroes son los profesionales sanitarios, los científicos y aquellas profesiones sin las cuales el encierro hubiese sido imposible, como transportistas o cajeros de supermercados.
Al tiempo que crecía la confianza en los científicos, bajaba la que habíamos depositado en los estados y gobiernos. El recorte de las libertades individuales a favor de las colectivas necesita, al menos en Occidente, necesita cierta maduración. Esta viene condicionada, además, por una creciente desconfianza provocada, en buena medida, por las fake news o noticias falsas.

¿Nueva ola del capitalismo post-COVID-19, o es algo más?


Durante las últimas décadas los valores ecológicos y socialmente responsables no han dejado de crecer. Aunque en muchas ocasiones no ha sido más que una estrategia de marketing, hoy en día la tendencia hacia la economía del propósito es positiva. Incluso con el fantasma de una recesión post-COVID-19 —o quizá motivado por ello—, los valores sostenibles ganan fuerza: sostenibilidad ambiental, social y fiscal.
Las empresas se preparan para estrategias basadas en futurología que hace unos años habrían resultado peculiares o directamente inimaginables. El cambio de perspectiva es radical: dejar de poner al cliente en el centro para centrarse en la sociedad conlleva que la Responsabilidad Social Corporativa se sitúe el núcleo de la organización. Es mucho más que una estrategia de comunicación.

Según el informe de Opinno, podemos deducir que estamos a las puertas de un nuevo tipo de capitalismo. La primera ola fue la de la revolución agrícola y el crecimiento poblacional; la segunda la de las máquinas electromagnéticas, y la tercera la de la descentralización. Ahora somos testigos del capitalismo en la slow society o sociedad sin prisas, algo que sin duda impactará en la forma en la que evolucionará nuestro futuro.

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