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Campañas como #Metoo muestran que Twitter o Facebook han contribuido y pueden seguir contribuyendo en el futuro a que las mujeres agredidas se sientan más comprendidas.

Las redes sociales no sólo oscurecen o canalizan noticias falsas sino que también ayudan a denunciar casos horribles de abuso… y a que sus víctimas sufran menos.

Se podría decir que ha ocurrido en años o meses. Hasta hace poco, el abuso, las agresiones y el acoso sexual no denunciados parecían motivo de vergüenza no tanto para los agresores, que sería lo normal, sino para las víctimas. Además, haber sido agredida -aquí hablamos esencialmente de mujeres y en especial de mujeres relativamente jóvenes-  inyectaba un extraño veneno a quien había sufrido ese horror.

¿El veneno? Podía llegar a echarse la culpa a sí misma por no haberse defendido lo suficiente -aunque estuviera paralizada por el pánico y la sorpresa ante un agresor mucho más fuerte y mucho más poderoso- e incluso podía llegar a imaginar que quizás hubiera favorecido con algún tipo de comportamiento inconsciente lo que le había ocurrido. 

Ese dolor fermentaba en un contexto donde nadie quería reconocer que había sufrido una situación así y donde, por lo tanto, la soledad y el silencio contribuían a agravar el dolor de la víctima y a dar la impresión de que era un problema minoritario, marginal. En muchas ocasiones el miedo, la vergüenza o el temor a no poder demostrarlo ante un juez las empujaban a aceptar acuerdos extrajudiciales y a no llevarlo a los tribunales.

En los últimos años, la situación ha empezado a dar un giro. Las redes sociales han comenzado a servir también para denunciar el sexismo. En 2017, por ejemplo, brotó como un volcán la campaña #Metoo en Twitter, que ha supuesto que, por primera vez, millones de mujeres en todo el mundo denuncien y admitan que han sufrido o han estado a punto de sufrir algún acoso, abuso o agresión sexual.

Aunque por supuesto estallaron polémicas y a veces surgió el escepticismo con casos concretos, la respuesta mayoritaria por parte de muchos hombres y mujeres fue tomar conciencia y darles su apoyo. Querían manifestar que, al margen de la particularidad de cada situación individual, se trataba de un problema social de graves dimensiones y que las víctimas eran las últimas que debían sentirse avergonzadas o culpables ante las agresiones. Algunas víctimas que no lo habían hecho se animaron entonces a denunciar.

Todavía queda, por supuesto, un largo camino para que las redes sociales se conviertan en canales libres de agresiones sexistas o para que la sociedad se emplee a fondo para enfrentar este mal. Sin embargo, campañas como #Metoo muestran que Twitter o Facebook han contribuido y pueden seguir contribuyendo en el futuro a que las mujeres agredidas se sientan más comprendidas, más acompañadas y más reivindicadas cada día.

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