Estamos pasando de una cultura del boca a boca a contratar, valorar y elegir el servicio de limpieza online y mediante aplicaciones móviles.

Lo común durante años ha sido que las parejas de profesionales jóvenes pregunten a amigos, familiares, vecinos e incluso porteros por las referencias de alguien que les ayude con la limpieza del hogar o la plancha. Sienten que, dentro del ocio y el bienestar al que aspiran, está la oportunidad de no sumar al esfuerzo de la oficina otro esfuerzo importante al llegar a casa.

Hasta hace poco, el principal problema aquí era que, al principio, no sabían ni cuánto tenían que pagar por el servicio de limpieza, ni cómo podían estar seguras de que las referencias que les daban eran totalmente fiables. No tardaban mucho en comprobar que existe, como mínimo, un concepto de limpieza, puntualidad y seriedad por cada hogar. Y que son muy distintos entre sí.

Además, luego estaba el problema de convocar a varios candidatos para hacer una selección. En los ochenta y en los noventa, eran frecuentes los anuncios clasificados por los que, por supuesto, había que pagar. Una dificultad adicional: ¿cómo se podía encontrar a alguien que nos hiciese una limpieza por horas puntual después, por ejemplo, de una fiesta o de una gran celebración con familiares y amigos?  

Desde hace aproximadamente cuatro años, han empezado a surgir aplicaciones móviles que permiten resolver muchas de estas situaciones, y miles de parejas de profesionales jóvenes las están utilizando. Por ejemplo, gracias a ellas, existe la posibilidad de ofrecer una cantidad de dinero por una limpieza a domicilio y que los candidatos a realizarla pujen si les interesa. También se pueden consultar los precios medios de las últimas transacciones en su ciudad. Por último, ahora es mucho más probable encontrar a alguien que nos ayude a limpiar la casa puntualmente después del follón de los días de Nochevieja y Año Nuevo o que pueda venir en 24 horas.   

Todavía el uso de estas aplicaciones móviles se concentra en las grandes ciudades y las parejas milenial, es decir, de menos de 35 años. Los servicios no siempre son muy sofisticados: a veces les falta un ranking de limpiadores, valoraciones de otros usuarios que hayan recibido el servicio, etc. No siempre ofrecen una solución para otras necesidades domésticas, como por ejemplo el acceso a operarios que arreglen pequeñas averías de fontanería o electricidad o que desempeñen labores menores de pintura o albañilería. Ese refinamiento de las apps, y su creciente popularización más allá de los milenial, es lo que nos espera seguramente para los próximos años.

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