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Aproximadamente, en los últimos tres años los más curiosos han caído en la práctica cada vez más extendida de las aplicaciones de reconocimiento facial.

A veces dos personas se miran, se hablan brevemente y se interesan al instante. Antes, quizás no volvieran a verse. Ahora, quizás, no lo hagan porque no quieren.

Hasta hace poco menos de cinco años, las cosas ocurrían mayormente así: dos personas se encontraban en un pub, un bar o una discoteca una noche, veían que surgía cierto interés y no tenían tiempo de hablar con más detalle.

De todos modos, lo máximo que tenían sobre el otro era un nombre, una cara que se difuminaba con el tiempo y alguna referencia demasiado genérica como para ser útil sobre dónde estudiaba, vivía o trabajaba. Durante los días siguientes, les picaría la curiosidad sobre quién era el desconocido al que querían conocer un poco más… y apenas sabrían por dónde empezar. Como era algo habitual, se resignaban.

Aproximadamente, en los últimos tres años los más curiosos han caído en la práctica cada vez más extendida de las aplicaciones de reconocimiento facial. Generalmente, en medio de la fiesta nocturna, se hacen fotos con algunas de las personas con las que coinciden. Después, utilizan una aplicación como FindFace para aislar la cara que les interesa de la imagen y rastrearla hasta que localice al usuario mediante sus perfiles en las redes sociales. A los menores de 25 les interesará ver su espacio en Instagram y a los mayores de 35 seguramente les atraerá más LinkedIn. 

Es verdad que las aplicaciones de reconocimiento facial -aquí hablamos de las que se usan para divertirse y no para robar un banco- todavía tienen muchas limitaciones y pegas que deberán resolverse en el futuro. Para empezar, la mayoría no son capaces de identificar un rostro en más de un 60% de los casos. Para continuar, influye (y mucho) la calidad de la iluminación y la nitidez de la imagen, dos puntos que no siempre están garantizados en un bar a las dos de la mañana. Por último, es posible que, cuando alguien no da más información sobre su vida a un desconocido, en muchos casos será porque no quiere dársela. Obtenerla sin su consentimiento es una violación de la intimidad y quizás una mala forma de empezar… a conocerse.  

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