Si en los planes nacionales contra el cambio climático se incluyeran medidas para paliar la pérdida y el desperdicio de alimentos, se podrían conseguir mejoras de hasta un 25% en dichos planes.

En el informe “Enhancing for food systems”, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), el 1 de septiembre, se apuntan los cambios que se pueden realizar en el sistema alimentario para impulsar la acción climática, con mucho foco en reducir los desperdicios y las pérdidas de productos.

Los alimentos energéticos se pierden cuando se estropean o se derraman antes de llegar como producto final, en la etapa de venta al por menor y cuando caducan o se estropean una vez comprados por el consumidor final. Por ejemplo, los productos lácteos, la carne y el pescado pueden estropearse durante su travesía debido a inadecuados servicios de transporte refrigerado y de almacenamiento en frío.

Actualmente, las dietas y la pérdida y el desperdicio de alimentos no se contemplan en los planes climáticos nacionales. Si se agregasen, se podrían mejorar dichos planes en hasta un 25%, según el informe. En nuestra publicación de la Comida del Futuro ampliamos sobre este tema. 

 

El informe se ha presentado para ayudar a los países a adoptar soluciones en los sistemas alimentarios y establecer objetivos y medidas más ambiciosos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y, a su vez, mejorar la biodiversidad, la seguridad alimentaria y la salud pública.

Hablando de la pandemia del COVID-19, Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA, dijo: “Esta crisis nos ofrece la oportunidad de repensar radicalmente cómo producimos y consumimos alimentos”.

“Por ejemplo, reorientar el consumo para reducir a la mitad el desperdicio de alimentos y catalizando un cambio hacia dietas más ricas en vegetales, también es una poderosa herramienta de mitigación del cambio climático. Depende de nosotros aprovechar esta oportunidad y poner los sistemas alimentarios sostenibles en el centro de la recuperación verde.”, agregó.

En el informe se identifican hasta 16 formas en las que los responsables políticos podrían tomar medidas para conseguir una alimentación correcta en el proceso desde la granja hasta la mesa. Para así integrar los sistemas alimentarios en sus estrategias climáticas nacionales, que también podrían ayudar a mejorar la seguridad alimentaria.

Entre las 16 medidas identificadas, subrayamos algunas por el impacto que podrían tener en la reducción de las emisiones de CO2:

  • Cambio de uso del suelo y conversión de hábitats naturales: 4,6 gigatoneladas (Gt) de CO2 al año.
  • Reducción de la pérdida y desperdicio de alimentos, que representa el 8% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero: 4,5 Gt CO2 al año.
  • Mejora de los métodos de producción y reducción de las emisiones de metano del ganado: 1,44 Gt CO2 al año.
  • Cambio a dietas más saludables y sostenibles con una mayor proporción de alimentos de origen vegetal que de origen animal: 8 Gt CO2 al año.

Existen iniciativas muy innovadoras abiertas que luchan contra el desperdicio de alimentos. Además de la mencionada, la danesa Too Good To Go, y otras similares que buscan el intercambio como forma de luchar contra las pérdidas de alimentos, cabe mencionar a la startup inglesa Winnow, que, mediante el uso de Inteligencia Artificial, ayuda a los chefs a reducir el desperdicio de alimentos en un 50%.

En un ámbito totalmente distinto, pero con el mismo objetivo, destacamos a la startup italiana TomaPaint, que utiliza las pieles de los tomates que hasta ahora se desaprovechaba para crear una biolaca que se aplicará en las superficies internas y externas de las latas de alimentos, con el fin de ofrecer una alternativa ecológica a las lacas sintéticas con beneficios ambientales y para la salud.

Si quieres acceder a los contenidos del Future Trends Forum sobre La Comida del Futuro y ver los vídeos de nuestros expertos haz click aquí. Conocerás más del desperdicio de alimentos.