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En estos momentos de crisis, la innovación se posiciona como un factor importante. Buscar nuevas ideas o nuevas formas de hacer las cosas es crucial.

La innovación social puede ser el laboratorio para la innovación en general. Así lo explicaba nuestro patrono experto Ángel Cabrera, Presidente del Georgia Institute of Technology:

 

¿Qué tipo de innovación necesitamos en estos momentos? ¿Qué iniciativas se están llevando a cabo que podemos catalogar como innovación?

Los grandes desafíos sociales requieren soluciones transformadoras, y en los últimos días hemos visto la importancia de la innovación como bien público. La aparición del Covid-19 ha impactado a la humanidad más rápido y con más potencia que cualquier otro suceso desde la Segunda Guerra Mundial.

En un reciente artículo en el Financial Times, Yuval Noah Harari, reflexionaba: “La humanidad se enfrenta a una crisis global. […]. Las decisiones que las personas y los gobiernos tomen en las próximas semanas probablemente darán forma al mundo en los próximos años. Darán forma no solo a nuestros sistemas de salud, sino también a nuestra economía, política y cultura. Debemos actuar rápida y decisivamente. También debemos tener en cuenta las consecuencias a largo plazo de nuestras acciones. Al elegir entre alternativas, debemos preguntarnos no solo cómo superar la amenaza inmediata, sino también qué tipo de mundo habitaremos una vez que pase la tormenta. Sí, la tormenta pasará, la humanidad sobrevivirá, la mayoría de nosotros aún viviremos, pero habitaremos en un mundo diferente.”

La innovación, como motor del cambio, debe estar atenta a las reflexiones de Harari y teniendo en cuenta dos conceptos clave:

1. La innovación que se produzca debe estar dirigida al bien común de la humanidad: Debemos aprender a innovar de forma global, solidaria, desinteresada, generosa. Pasar de la competición a la cooperación a todos los niveles: entre empresas, entre naciones, entre continentes, con equipos multidisciplinares en modelos de Quíntuple Hélice, que son el motor de la innovación social (administraciones públicas, sector privado, universidad y centros de investigación, sociedad civil y entorno natural -sostenibilidad-).

2. La innovación que se produzca tiene que tener en cuenta el problema urgente a resolver (acabar con el coronavirus en este caso) y, a la vez, las consecuencias a futuro de dicha innovación. Harari lo expresa muy bien en su artículo: “Las decisiones que en tiempos normales podrían llevar años de deliberación se aprueban en cuestión de horas. Se ponen en servicio tecnologías inmaduras e incluso peligrosas, porque los riesgos de no hacer nada son aún mayores. Países enteros sirven como conejillos de indias en experimentos sociales a gran escala. ¿Qué sucede cuando todos trabajan desde casa y se comunican solo a distancia? ¿Qué sucede cuando escuelas y universidades enteras se conectan? En tiempos normales, los gobiernos, las empresas y las juntas educativas nunca aceptarían realizar tales experimentos. Pero estos no son tiempos normales.” Así pues, podríamos decir que la innovación a realizar debe ser más responsable y más comprometida que nunca.

Las soluciones innovadoras que realicemos hoy, deben apuntar a resolver un problema de fondo: no podemos evitar más pandemias, pero podemos estar mejor preparados de muchas maneras.

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