​Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Politica de cookies

El siglo XX fue el de la gran explosión demográfica del planeta; también el de las dos guerras mundiales y la descolonización. Nada de ello hubiera sido posible sin los combustibles fósiles.

Llevamos lustros, décadas oyendo a expertos de todo tipo augurando el fin de esta fuente de energía, cuyas reservas son de hecho finitas. A la vista está que el modelo no ha colapsado, no lo hizo ni siquiera cuando el barril de Brent rozó los 150 dólares en 2008, el año de la Gran Recesión. ¿Escasean las reservas? Busquemos nuevas bolsas y perforemos más profundo. Con esa mentalidad (y con avances tecnológicos que mejoran la eficiencia del proceso) se está logrando alargar la vida de los combustibles fósiles.

Puede que este proceso llegue a su fin pronto, en la década que estrenamos en unos días. Así lo cree por ejemplo el influyente economista y sociólogo Jeremy Rifkin, que se ha atrevido a ponerle fecha de defunción al modelo de civilización basado en el carbono: 2028. ¿Por qué ese año? Porque los costes de producción de las energías renovables empiezan a ser competitivos. Este año fue el primero en el que los de la energía solar fueron más baratos que los del gas, según cuenta en su último libro, El Green New Deal global (no confundir con el European Green Deal, el documento presentado la semana pasada por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, que fija la hoja de ruta de la “transición ecológica sostenible” de la UE).

Esta tendencia no deja indiferente a los flujos de capital: cuando las energías renovables supusieron el 14% del total en Alemania, la inversión en combustibles fósiles y energía nuclear empezó a caer en picado. Se prevé que Estados Unidos alcanzará esa proporción en 2023 y que la media mundial lo hará para 2028.

Rifkin estima unas pérdidas potenciales de unos 3 billones de dólares (más de dos veces el PIB de España) en activos que quedarán obsoletos: derechos de explotación que no se ejercerán, refinerías que quedarán paradas, oleoductos que no se usarán, etcétera. Los inversores son conscientes de ello y, según señala en su libro, ya han retirado 11 billones de dólares en los últimos cuatro años de la industria asociada a los combustibles fósiles.

Internet dará la puntilla

Reemplazar la fuente de energía sobre la que se ha construido toda una civilización no es fácil. Solo se puede tener éxito si la alternativa es mejor. Rifkin cree que la hay: apostar de forma masiva por las renovables, cuyos costes marginales de producción tenderán a cero, y distribuirla de forma eficiente mediante lo que él llama el internet de la energía. Se refiere a redes inteligentes de distribución que permitirán el intercambio del excedente producido entre los distintos nodos, que a su modo de ver incluirá desde edificios autosuficientes hasta los coches eléctricos o los hogares, que generarán su propia energía.

Desarrollar la infraestructura necesaria para que toda esta amalgama de microproductores de energía quede conectada entre sí es clave para superar el actual modelo del carbono. En su libro pormenoriza cómo deberían conducirse las inversiones necesarias (el Green New Deal) para hacerlas posibles, que deberán ejecutarse además en dos décadas si no queremos rebasar el umbral del grado y medio de aumento de las temperaturas fijado por la ONU.

Las renovables (y el internet de la energía) deben vencer al petróleo si queremos preservar el planeta. Para ello, dice Rifkin, hay que llevar a cabo una transformación de las infraestructuras de un calado similar a la que propició la primera revolución industrial (desarrollo ferrocarril, telégrafo, industria del carbón, etcétera) o la segunda (red de carreteras, teléfono, electrificación e industria del petróleo, etcétera).

¿Una apuesta osada o una quimera? Hay quien se toma muy en serio las ideas de Rifkin. El gobierno chino, por ejemplo, le contrató hace unos años para que le ayudara a diseñar su transición a las energías renovables. En unos años se verá si le han hecho caso o no.

Más en nuestra web

  • Tendencia
    Comercialización del Espacio

    En esta tendencia analizamos cómo el avance de la tecnología está permitiendo la comercialización del espacio y el desarrollo de nuevas aplicaciones industriales en órbita como la fabricación e investigación o nuevas tecnologías de comunicación y observación.

  • Xavier Mendoza
    Xavier Mendoza

    Profesor titular, Departamento de Dirección General y Estrategia en ESADE Business School