​Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Politica de cookies

Lo estamos viendo en las noticias, aunque con términos más técnicos. Nadie podrá decir más adelante que no lo vio venir.

La semana pasada trascendió que un investigador estadounidense ha desarrollado un método que podría revolucionar la edición genética, es decir, la alteración intencionada del ADN. David Liu y su equipo han publicado en la revista Nature los resultados de 175 experimentos con células humanas en los que obtiene una precisión nunca antes vista en la aplicación de la técnica CRISPR, la más usada en la actualidad para modificar el genoma. Dicha herramienta, presente en los laboratorios de todo el mundo desde principios de esta década, permite insertar fragmentos de información en las cadenas de ADN. Es la gran esperanza de millones de pacientes de enfermedades genéticas.

Resulta, sin embargo, que al CRISPR le queda mucho margen de mejora: suele generar mutaciones genéticas (de ahí que todavía se esté ensayando la técnica con animales). El mérito de Liu es que, según parece, es capaz de salir airoso en la reparación del 89% de variantes genéticas. De confirmarse su logro, curar las enfermedades raras podrían acabar siendo un juego de niños. La carrera por dominar el genoma daría un paso de gigantes.

En busca del superhumano

A algunos no les ha hecho falta esperar a que la fiabilidad del CRISPR alcanzara cotas aceptables para lanzarse a experimentar con humanos. El científico chino He Jiankiu sorprendió al mundo el año pasado al revelar que habían nacido los dos primeros bebés genéticamente modificados para ser más resistentes al virus del Sida (condenándolos a padecer en el futuro alguna enfermedad genética, como por ejemplo cáncer). La comunidad internacional quedó estupefacta ante un acto totalmente ilegal en EE UU o Europa, condenado oficialmente en su propio país… pero realizado.

A las gemelas Lulu y Nana (así se llaman las cobayas humanas del doctor He) se sumará un tercer bebé genéticamente modificado también en China, cuyo nacimiento podría haberse producido ya. El biólogo molecular ruso Denis Rebrikov, por su parte, anunció este verano su intención de realizar experimentos con bebés. Su objetivo, igual que He, sería alterar embriones de madres con el VIH para que nazcan niños inmunes a esa enfermedad. Rebrikov considera que la legislación rusa es lo suficientemente ambigua como para dar cabida a su experimento.

Los primeros pasos

Contar con normativas estatales que prohíban la alteración genética de embriones sanos no es suficiente para evitar resultados éticamente cuestionables. La línea que separa el progreso médico del desarrollo de lo que Yuval Noah Harari llama humanos mejorados es fina. En el caso del uso del CRISPR, resulta grotesca: hay métodos alternativos a la edición genética para evitar el nacimiento de niños portadores del VIH.

Las consideraciones éticas no parecen ser suficientes en China, donde sobre el papel no se puede alterar el genoma humano pero a la práctica ha sucedido al menos dos o tres veces (que se sepa). Rusia podría ser el siguiente territorio en el que nazcan bebés genéticamente modificados, y nada hace pensar que no vayan a sumarse más países a esta lista. ¿Quién se permitirá quedarse atrás?

El futurólogo Gerd Leonhard no descarta que pronto veamos a países servirse de la genética como arma, por ejemplo usando el genoma de 100 millones de personas para crear una especie de supersoldado. Hay dos vías para tener habilidades mejoradas: que te pique una araña radiactiva y convertirte en Spiderman o contar con el mejor material genético de una gran masa de población. La segunda parece más sencilla.

La carrera por llegar hasta el superhumano ya ha empezado. Lo estamos viendo en las noticias, aunque con términos más técnicos. Nadie podrá decir más adelante que no lo vio venir.

Artículos relacionados

Más en nuestra web