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Las cámaras deportivas de hoy en día son digitales, están conectadas a internet y pueden subir a la nube las grabaciones.

La digitalización y la conectividad han redefinido la naturaleza de lo que puede grabarse y recogerse con una cámara. También de las experiencias que se viven con ella y de la forma en la que las compartimos.

En los ochenta y principios de los noventa, no existían dispositivos a precios razonables que pudiéramos adosarnos cómodamente al cuerpo y que grabasen lo que teníamos delante exactamente como lo que estábamos viendo.

Lo más común eran unas cámaras que se encajaban en los cascos de los deportistas. Esas cámaras encajadas debían conectarse a la grabadora que llevaban detrás con un cable. La grabadora solía incluir unas cintas VHS para recoger las imágenes, que no eran ni mucho menos de alta definición.

Es verdad que llegó a grabarse en otros soportes como disquetes, los predecesores de las tarjetas de memoria, y que se exploró la instalación de una antena en los cascos de los deportistas de élite que transmitiría las imágenes a una unidad móvil de televisión. De todos modos, los precios eran inaccesibles para la inmensa mayoría de la gente y además los dispositivos podían caerse con movimientos e impactos muy brucos y no solían ser sumergibles.

Ahora vivimos en una era que ha situado a las GoPro como el estándar de las cámaras deportivas o de acción. Son digitales, están conectadas a internet y pueden subir a la nube las grabaciones. Las imágenes se recogen en altísima definición y los dispositivos son sumergibles y, a veces, están preparados para grabar con gran precisión bajo el agua. Los precios, que antes rondaban los miles de dólares, ahora suelen rondar los cientos de dólares. Las cámaras pueden instalarse en muchísimos lugares, desde los cascos como es tradicional hasta en kayaks o tablas de surf.

Es difícil anticipar el siguiente paso de esta carrera por conseguir la cámara deportiva definitiva. El futuro a corto plazo sugiere la grabación desde drones y no sólo desde cámaras adosadas al cuerpo, la aparición de más dispositivos diminutos que graben en 360 grados y nuevas vías para que la edición de fotos y vídeos se pueda realizar fácilmente con el móvil y compartir su contenido en las redes sociales.

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