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El crecimiento exponencial de la tecnología, la explosión de una nueva forma de enfocar la pedagogía, en definitiva, el mundo ha cambiado y las universidades comienzan a poner su mirada en el futuro.

Cuando echemos la vista atrás y veamos este periodo histórico que abarca desde las primeras pujantes empresas de ordenadores de finales de los 70 y el parón a nivel global de toda la economía mundial producido por la pandemia del Covid-19, podremos decir que, en más o menos medio siglo, la tecnología ha impulsado un progreso que, posiblemente, la humanidad no conocía desde que el descubrimiento del fuego produjo una disrupción absoluta en la vida de las primeras comunidades humanas.

Como si de las primeras secuencias de “2001, una odisea en el espacio” (1968, Stanley Kubrick) se tratase la tecnología ha alterado nuestra vida diaria, nuestro ocio, nuestra forma de trabajar e, incluso, la forma en la que nos relacionamos. En definitiva: la tecnología ha cambiado el mundo en el que vivimos y nos lleva de la mano hacia un futuro que solo podemos atisbar.

El cambio es tan profundo que ha abierto campos de conocimiento que, hasta la fecha, solo existían en los textos y películas de ciencia ficción y que, ahora, se han recogido y se han convertido en licenciaturas universitarias. La carrera de Informática ha dado paso a un buen grupo de disciplinas.

La Universidad Politécnica de Valencia, por ejemplo, ofrece el grado de Diseño y Tecnologías creativas dirigido a formar a futuros profesionales de la industria cultural porque, también, las nuevas tecnologías están abriendo campos desconocidos como la realidad aumentada, la creación en 3D, la animación digital, etc.

La Universidad Carlos III de Madrid imparte un grado de Gestión de Información y contenidos digitales dirigido a la gestión de comunidades virtuales y al estudio de cómo los contenidos se mueven a través de toda la red o cómo aprender a moverlos. Las posibilidades de encontrar trabajo en empresas que necesiten entender estos flujos, en la forma de dirigir campañas de publicidad o de leer los gustos del público a través de la gestión de estas comunidades se hace tan atractivo para el aprendizaje como interesante a la hora de encontrar un empleo en el siempre competitivo mercado laboral.

Son muchos los centros que ya ofrecen grados para el conocimiento y desarrollo de la investigación en Ciencia de datos con especial mención al Big Data y también en robótica o electrónica pero, de nuevo, las propias especialidades, todavía en fases de desarrollo de todo su potencial, comienzan a incluir cada vez más la tecnología más puntera, pues de su conocimiento dependerá, en el futuro, nuestra capacidad para la reindustrialización, por ejemplo.

En el campo de interacción de la Medicina y las nuevas tecnologías está la Bioinformática, que trata sobre el mejor procesado de datos médicos de los pacientes que ayuden a mejorar los protocolos de actuación de hospitales y centros médicos y, claro está, de todo un sistema sanitario. La politécnica de Catalunya y la Pompeu i Fabra son los centros donde se puede estudiar la especialidad.

Sin salir el campo de la medicina y las ciencias de la salud está el grado de bioingeniería que se imparte en la Universidad Internacional de Catalunya que aplica las nuevas tecnologías al desarrollo de prótesis de todo tipo.

En campos tan alejados como las ciencias sociales o el urbanismo la UAB (Universidad Autónoma de Barcelona) oferta grados en Estudios de Género y la gestión de Smart Cities, los núcleos urbanos sostenibles del futuro, donde desde el tráfico hasta la ampliación o remodelación de las zonas urbanas estará gestionado por medio de las nuevas tecnologías.

Como era de esperar todo este nuevo torrente intelectual es absorbido por nuestras universidades con rapidez. De hecho, el ambiente universitario es mucho menos reacio a la interacción con agentes externos, como lo fue en el pasado y, ahora, incorpora con naturalidad no solo estas nuevas carreras, sino, también, nuevas propuestas educativas como nuestro programa Akademia que se imparte en nueve universidades de toda España.

El impacto de estas nuevas tecnologías se ha hecho palpable desde que se dieron los primeros pasos en el campo del e-learning basado ya en la incorporación de programas para el aprendizaje a través del ordenador y que ha ido creciendo hasta la incorporación de tablets y teléfonos móviles. Este panorama y el cambio del paradigma de la educación analógica ha propiciado que los nuevos planes de estudio y la pedagogía se acomoden a la incorporación de estas herramientas.

El conocimiento es más líquido y se mueve entre diversos campos que ya no conocen la frontera entre los estudios de ciencias o de letras. En este punto, podemos hablar de lo que es el sueño deseado por cualquier centro universitario moderno: “La inteligencia institucional”. Es decir, que cada universidad sea capaz de dotar a cada alumno de un acceso al conocimiento necesario para desarrollar de forma óptima sus funciones tanto si es profesor como si es alumno. Poco a poco nos acercamos hacia centros de educación superior cada vez más eficaces y que están comprometidos con canalizar los nuevos avances, ponerlos en práctica y atender a las necesidades de la sociedad, tanto en el campo de la formación de nuevos profesionales como de nuevos ciudadanos.

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