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El motivo de este fenómeno es que nunca habíamos estado tan híper-conectados en nuestro puesto de trabajo y que las distracciones nunca habían sido tantas.

Los últimos 20 años  han visto una multiplicación de los estímulos en la oficina que hacen cada vez más difícil la concentración y la productividad en el trabajo.

La respuesta más corta sobre el motivo de este fenómeno es que nunca habíamos estado tan híper-conectados en nuestro puesto de trabajo y que las distracciones nunca habían sido tantas.

En las oficinas de principios del SXXI, las principales distracciones eran el constante zumbido de los teléfonos de mesa, los faxes, las impresoras, el traqueteo de los teclados de los ordenadores y el paso de unos compañeros, que, muchas veces, trabajaban o en sus despachos o detrás de sus cubículos.

La penetración de la telefonía móvil apenas alcanzó el 65% de la población estadounidense en 2004. Poco antes, en 2001, menos de la mitad de los profesionales estadounidenses a jornada completa contaba con acceso a internet en el trabajo. Sólo una tímida fracción de la gente disponía de una conexión de alta velocidad y hasta 2004 Google ni siquiera había salido a Bolsa.

El cambio hasta lo que vivimos hoy ha sido rapidísimo y radical. En 2011, el acceso a internet en la oficina afectaba al 75% de los trabajadores, la banda ancha también era una realidad para la mayoría, el 80% de la población tenía un teléfono móvil y, por supuesto, las búsquedas de Google ya formaban parte de las aficiones habituales de los que querían entretenerse un rato sin levantarse de la mesa.

Daba igual que las empresas restringieran las búsquedas en los ordenadores, porque en 2013 más de la mitad de la gente guardaba en sus bolsos y bolsillos un móvil con conexión a internet. Además, a esas búsquedas se han sumado la consulta de los perfiles de las redes sociales, Facebook sobre todo, y a la sinfonía habitual de la oficina se añadieron también los pitidos de las alertas de WhatsApp. Los correos electrónicos, mientras tanto, se acumulan en las bandejas de entrada. El tiempo medio de concentración ininterrumpida en la oficina de un profesional es de menos de cinco minutos. La mayoría de los despachos y los cubículos han desaparecido. 

Es difícil adivinar cómo será la oficina del futuro. Por un lado, los empleos actuales necesitan una comunicación cada vez más constante entre personas que se encuentran en distintas localizaciones.  Por otro, muchas empresas atribuyen a sus empleados un descenso en la productividad por culpa de las distracciones tecnológicas. Finalmente, existe una tendencia evidente a la gamificación del espacio de trabajo con la aparición de salas de juegos y otras fórmulas de ocio que sirvan para mitigar el impacto de las largas horas que pasamos allí.

¿Cómo serán las oficinas del futuro? Lo más probable es que dispongan de varios espacios para distintas actividades: áreas silenciosas sin conexión ni móviles para fomentar la concentración y la productividad en el trabajo, áreas vibrantes donde las comunicaciones sean constantes y áreas donde simplemente podamos relajarnos y tomar impulso.