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Una de esas nuevas sinergias entre turismo y tecnología ya ha empezado a surgir y está relacionada con la aplicación de la realidad aumentada.

Es impresionante la transformación digital que ha vivido el turismo en los últimos diez años. Haremos un breve repaso de todo lo que ha cambiado en el SXXI y después nos ocuparemos de la realidad aumentada, que está llamada a convertirse en una de sus principales innovaciones.

Hoy son minoría los menores de 45 años que se niegan a comprar sus billetes de avión por internet a través de plataformas como Rumbo o Atrapalo, los que no adquieren, por adelantado y para evitar colas, los tickets digitales de las principales actividades de ocio que quieren llevar a cabo en el destino y los que no tienen en cuenta las valoraciones de los hoteles de páginas como Booking o TripAdvisor antes de reservar una habitación electrónicamente.

Entre los menores de 30 años, tampoco son muchos los que no miran antes los precios de un apartamento turístico de Airbnb y un vehículo de Uber, Cabify o Blablacar antes de consultar los de los hoteles y los taxis. Esto nos sugiere que los turistas del futuro, que hoy son jóvenes, exigirán más y más digitalización. 

Una de esas nuevas sinergias entre turismo y tecnología ya ha empezado a surgir y está relacionada con la aplicación de la realidad aumentada. Hablamos, esencialmente, de utilizar dispositivos móviles –sean gafas, smartphones o wearables– para añadir información y emoción a lo que tenemos delante de nuestros ojos.

Hablamos de visitar el Partenón y de contemplar al mismo tiempo una reconstrucción digital que nos invite a conocer y sumergirnos en su historia. Lo mismo puede decirse de los cuadros o esculturas de un museo o de un sencillo paseo por las pedregosas calles de una ciudad medieval. Los guías turísticos de las ciudades y construcciones más fascinantes han empezado a incorporar la realidad aumentada a sus visitas. Es el caso, por ejemplo, de las ruinas de Éfeso en Turquía o de la Acrópolis de Atenas.

El siguiente paso, aparentemente, no sólo es que todos los puntos más turísticos del globo se puedan disfrutar utilizando la realidad aumentada. También se espera que las grandes tiendas y otros comercios y enclaves de las ciudades conectadas (smart cities) se incorporen a esta ola y empiecen a interactuar con nuestros dispositivos móviles enriqueciendo sus escaparates (añadiéndoles más productos y ofertas que las que aparecen en la realidad física), haciéndonos recomendaciones, o, simplemente, invitándonos a entrar.

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