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En España, la mayoría de los pedidos a domicilio sigue realizándose de la forma tradicional, pero son cada vez más los clientes que apuestan por pedir vía web o app.

La comida a domicilio es una de esas cosas que parece que siempre se han hecho de la misma forma y que difícilmente pueden cambiar. La realidad es muy distinta.

La comida a domicilio, conocida popularmente como ‘delivery’, se había transformado muy poco hasta hace diez años. La idea era básicamente ésta: llamabas el fin de semana, que empezaba el viernes por la noche, a un restaurante de comida rápida, esperabas que te atendieran entre el estrés de las horas punta y un motorista te traía el arroz tres delicias o la pizza a casa a veces con un recargo.

Normalmente, el pedido se le pagaba al repartidor en la puerta del domicilio. Si los repartidores estaban desbordados o el comercio se encontraba relativamente lejos, había que recalentar la comida en el microondas. La única forma de quejarse con eficacia era la hoja de reclamaciones. 

Ahora atravesamos un momento de transición. En España, la mayoría de los pedidos a domicilio sigue realizándose de la forma tradicional, pero son cada vez más los clientes que apuestan por la web o las aplicaciones móviles. Aquí la situación cambia bastante: los pedidos se seleccionan y se pagan a golpe de clic, no suele haber recargo por llevárnoslo a casa, se puede comparar el precio o la proximidad de la localización de distintos restaurantes y, por supuesto, existen valoraciones públicas y rankings que clasifican a los mejores y los peores servicios según los usuarios.

La presión de estas valoraciones ha hecho que los restaurantes se preocupen más de que los pedidos ni lleguen fríos ni decepcionen a sus clientes. Se ha iniciado una carrera para diseñar unas cajas que no muevan la comida y ayuden a conservar su temperatura. Además, se han multiplicado los restaurantes que ofrecen reparto a domicilio porque han aparecido unas plataformas como Just Eat o Deliveroo, que les ayudan a encontrar repartidores y a darse a conocer entre clientes potenciales.  

A medio plazo, lo más previsible es que los pedidos telefónicos de toda la vida queden desplazados por los que se llevan a cabo mediante la web y las aplicaciones móviles. No desaparecerán del todo, pero no serán mayoritarios. Además, se espera que la oferta y los días de consumo cambien: el peso de la comida rápida debería reducirse en comparación con los menús saludables y lo mismo debería ocurrir con los pedidos del fin de semana y los que se hacen de lunes a jueves. La idea es que sea cada vez más habitual pedir a domicilio o para la oficina un salmorejo, una pechuga de pollo con pimientos y una pieza de fruta un martes o un miércoles en los que no nos apetezca ni cocinar ni salir a comer fuera.

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