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Todo ha cambiado: las redes son rápidas, la videoconferencia es accesible y ya no hablamos de webs solamente sino, sobre todo, de apps para ligar.

Las apps para conocer gente son tan poderosas técnicamente y se han popularizado tanto que están modificando la forma en la que nos relacionamos.

Hay que recordar, primero, que los servicios de búsqueda de citas con fines románticos imponían un terrible estigma para los que se atrevían a reconocer en público que los utilizaban. Hasta mediados de los años noventa, estos contactos se llevaron a cabo a través de agencias especializadas, de la iglesia y de los anuncios de contactos. Los programas informáticos no eran, normalmente, los principales protagonistas de los análisis de compatibilidad. 

¿Qué ocurrió a mediados de los noventa? Surgieron los foros y las salas de chat masivos con fines románticos o puramente sexuales y el sitio Web pionero de las citas por internet: Match.com. Aunque las salas y las webs las utilizaban miles de personas, el estigma sólo había empezado a desaparecer. Eso era importante porque el acceso a internet de la mayoría, al fin y al cabo, se encontraba, normalmente, en un ordenador de mesa que utilizaban todos miembros de la familia, padres e hijos. La privacidad era insuficiente.

Había otras dificultades. Por ejemplo, las redes eran lentas, las conversaciones de chat se interrumpían varias veces y no existía una videoconferencia barata y sencilla que permitiera observar el lenguaje corporal y las reacciones espontáneas del interlocutor antes de tomarse el primer café. Como se trataba de una forma minoritaria de conocer gente, los usuarios que se interesaban, muchas veces, se encontraban a cientos de kilómetros de distancia. Los programas informáticos que identificaban a los candidatos compatibles eran rudimentarios.

Ahora todo es diferente. Las redes son rápidas, la videoconferencia está al alcance de cualquiera y ya no hablamos de webs solamente sino, sobre todo, de aplicaciones móviles. Además, nos podemos conectar desde cualquier lugar y directamente a través de un smartphone, que no tenemos por qué compartir con nadie, los usuarios y su diversidad se han multiplicado y la geolocalización es sencilla. Los candidatos suelen encontrar lo que buscan en su misma ciudad o región.

Por si eso fuera poco, las nuevas y baratísimas herramientas de análisis de datos en la nube y la inteligencia artificial han permitido que las recomendaciones automáticas sean mucho más refinadas. Los diseñadores han creado interfaces, como en el caso de la aplicación Adopta Un Tío, que desdramatizan la selección de los hombres interesantes y convierten todo el proceso en un juego. No hay nada de sórdido en ello. Entre los jóvenes urbanos menores de 30 años se puede decir que, en general, no existe el estigma de las citas por internet. Presumen públicamente de su éxito en  Tinder o Grinder.

Todo parece indicar que el siguiente paso en la evolución de estos servicios ya ha comenzado. Se están incorporando otras horquillas de edad como los treintañeros, la gamificación se ha convertido en una característica esencial y han empezado a surgir aplicaciones de citas especializadas en colectivos particulares como Luxy (ricos), Mensa Match (listos) o Beautiful People (famosos).

Poco a poco, los análisis de datos de compatibilidad se apoyarán cada vez menos en las encuestas que rellenan los usuarios y cada vez más en su actividad dentro de las plataformas de citas y en sus perfiles en las redes sociales (las apps tienen que competir con el uso romántico de Instagram, Facebook e incluso LinkedIn). La nueva información y el torrente de datos masivos servirán para que empresas como Tinder o sus socios ofrezcan servicios relacionados a unos clientes cuya intimidad, aspiraciones y nivel de renta aproximado conocen bien. La app para ligar Bumble, por ejemplo, lanzó el año pasado una plataforma de networking. Por ahí van a ir los tiros en los próximos años. 

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