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Future Trends Forum 09 Ene 2019

Las ciudades inteligentes y la revolución de la movilidad

La transición a los vehículos verdes está todavía en un estadio temprano, pero las garantías de baja contaminación acelerarán este proceso.

Quienes se llevan las manos a la cabeza con las restricciones de Madrid Central seguramente no soportarían vivir en Londres: la capital británica cobra desde 2003 unos 13 euros al día a todos los coches que entran al centro y, desde el año pasado, 11 euros adicionales a los que más contaminan. El ayuntamiento londinense prepara además una zona de emisiones ultrabajas que se empezará a desplegar en 2019 y culminará en 2021 con su extensión a todo el centro de la ciudad (inner London) y que comportará la eliminación virtual de cualquier vehículo contaminante (las tasas para circular serán tan prohibitivas que casi se dejarán de ver tubos de escape).

La transición a los vehículos verdes está todavía en un estadio temprano, pero las cada vez más estrictas garantías de baja contaminación exigidas por los consistorios acelerarán, al menos en las ciudades, este proceso.

Ese es solo uno de los cambios que está experimentando últimamente la movilidad urbana. También han proliferado los cada vez más comunes servicios municipales de bicicletas, con y sin motor eléctrico: los vehículos se toman y dejan en estaciones habilitadas a tal efecto, normalmente ubicadas cerca de bocas de metro. Por supuesto, los ciudadanos siguen contando con las opciones habituales de transporte público: tren de cercanías, suburbano, tranvía, autobuses de línea, etcétera, a las que cabe añadir los taxis y los vehículos con conductor, los feroces competidores que han surgido recientemente de la mano de las nuevas tecnologías.

Hay más alternativas. La creciente disponibilidad de los llamados microvehículos urbanos, la gran mayoría operados por empresas privadas, y su bajo coste (en comparación con la adquisición y mantenimiento de uno propio) están provocando que cada vez más personas decidan dejar en casa su coche. Los consistorios fomentan su uso por dos motivos: porque contribuyen a descongestionar el tráfico de las ciudades y porque, al ser eléctricos, contribuyen a reducir los niveles de polución del aire, uno de los objetivos de todo ayuntamiento.

A estos elementos parece que se le sumará otro en las próximas décadas: los vehículos autónomos. Se dice de ellos que alterarán el reparto del suelo urbano (no tendrán incentivos para quedarse aparcados, y por tanto liberarán espacio) y que reducirán el tráfico (un solo coche puede dejar a toda la familia en el trabajo o el colegio y luego pasar a recogerlos). El tiempo dirá si las expectativas que se han generado en torno a estos vehículos se cumplen o no.

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