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El futuro nos traerá, probablemente, la convergencia y el abrazo entre la inteligencia artificial de la vivienda y la de sus sistemas de seguridad.

La seguridad de nuestros hogares ha evolucionado en paralelo a sus nuevas capacidades de vídeo-vigilancia, conectividad y sensorización. Sin ellas no se entiende la casa inteligente. 

En los noventa, los hogares tenían que conformarse con unos caros sistemas de vídeo-vigilancia y unos sensores de movimiento bastante rudimentarios si los comparamos con los de hoy. Los sensores, repartidos estratégicamente por las posibles entradas de la casa, utilizaban los ultrasonidos y los rayos infrarrojos. Las alarmas se conectaban con la policía, pero los delincuentes podían cortar los cables para impedir la comunicación. 

Las cámaras se limitaban a grabar con una definición relativamente baja y volcaban las imágenes en un circuito cerrado que podía consultar el profesional de seguridad de la finca o la urbanización. Si no contábamos con estos profesionales, al menos los vídeos nos servían para utilizarlos en un juicio o para reclamar a la aseguradora. Muchas veces, las grabaciones se guardaban en soportes físicos como, por ejemplo, cintas o CD. Los delincuentes se los podían llevar al salir.  

Ahora las cosas han cambiado. ¿Qué ventajas aporta la casa inteligente?

  • Para empezar, podemos acceder a las imágenes de nuestra casa inteligente en tiempo real mediante el teléfono móvil y esas imágenes se almacenan, frecuentemente mediante un sistema sin cables (WIFI), en la nube.
  • Además, podemos encender o apagar la alarma remotamente si se nos ha olvidado o comprobamos que se ha disparado sin motivo.
  • Las imágenes, y no sólo el aviso, se pueden enviar a la policía una vez que el sistema lleva a cabo una doble comprobación que confirme que alguien ha entrado en la casa sin nuestro permiso.
  • Si disponemos de un piso de vacaciones y una residencia habitual, los dispositivos de alarma y grabación se pueden gestionar a la vez desde una única aplicación móvil.
  • Al mismo tiempo, los sensores de movimiento antirrobo ahora interactúan con otros dispositivos de seguridad alarmas anti-incendio.      

A medio plazo, se espera que la automatización del hogar y la expansión de los sensores por toda la vivienda expandan las posibilidades y el alcance de los dispositivos y el propio concepto de seguridad (¿Basta con defenderse de los ladrones o queremos saber también si nuestros hijos pequeños se acercan a los enchufes o las ventanas?). La incorporación de robots cada vez más sofisticados debería impulsar la conversión de las casas automatizadas en inteligentes. El futuro nos traerá, probablemente, la convergencia y el abrazo entre la inteligencia artificial de la vivienda y la de sus sistemas de seguridad.

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