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Tú estás convencido de que ese es el precio, ¿pero lo están también los compradores? Creen que te equivocas en estos puntos.

Supongamos que a tu  startup le ha ido bien. De hecho le ha ido muy bien, tanto que te acaba de salir un posible comprador, que te sondea por si te planteas ponerle un precio y dejarle que él se ocupe a partir de ahora de todo el rumbo. A cualquier emprendedor, por despegado que parezca, se le viene esta idea recurrente a la cabeza de vez en cuando.

Ahora bien, surge la ‘disputa’: le has puesto un precio que a tu comprador no le convence. En principio no pasa nada, es previsible, se trata de que negociéis y lleguéis a un acuerdo, pero en ocasiones quizá las posturas estén demasiado alejadas. Y ahí quizá hayas cometido algunos de estos errores:

1. Añadir el componente emocional

Esto pasa mucho en muchas empresas de toda la vida, especialmente las que requieren una dedicación extrema. Si a un pequeño empresario que tiene un restaurante o un hotel le llega un comprador, a la hora de calcular el precio de venta, qué menos, tendrá en cuenta no solo todos los años de duro trabajo que ha echado, sino también lo mal que lo pasó en sus comienzos.

Esta es una postura lógica, qué duda cabe, pero por desgracia al comprador le importa más bien poco. Con las startups pasa lo mismo: a tu potencial comprador le da un poco igual si antes de emprender tuviste que dejar un maravilloso trabajo, si has pasado muchas noches sin dormir o si la cantidad que te ofrece no suple el coste de oportunidad que has pagado por rechazar un trabajo fuera del emprendimiento. Es normal que quieras añadir ese coste emocional al precio, pero será casi imposible que te lo admitan.

2. Predecir un futuro incierto

Vale, imaginemos que has dejado los sentimentalismos de lado: a tu startup le has puesto un precio con el Excel en una mano y la calculadora en el otro. Además, todo parece muy bien medido: has calculado los beneficios actuales, la progresión y, en total, los beneficios que acabará consiguiendo tu futuro comprador en equis años si sigue haciendo las cosas tan bien como las hiciste tú.

Pero espera un momento. ¿Quién te dice que las cosas dentro de unos años seguirán igual que ahora mismo? Y con esto no nos referimos a que el nuevo dueño trabaje peor, sino a que ¿cómo sabes que no llegarán nuevos competidores y cada vez habrá menos pastel a repartir? ¿O cómo sabes que tu sector, que tan en auge está ahora mismo, seguirá estándolo dentro de unos años? ¿Y si decae el interés? ¿Y si llega una nueva tecnología y se lo lleva por delante? Tu comprador querrá tener en cuenta esto.

3. Contentar a todos los inversores

Durante estos años, varios business angels y fondos de inversión han confiado en ti, esperando el momento de un exit que ya ha tocado a tu puerta. Pero claro, resulta que ellos buscaban multiplicar su inversión… y hombre, resulta que la cantidad que te han ofrecido igual a ti te encanta, pero a ellos no.

Lo cierto es que tanto tu postura como la de tus inversores es totalmente lógica. Así que tienes dos opciones: o subes el precio para contentar a los inversores (y enfadar al comprador) o ajustas el precio (y enfadas a tus inversores). En cualquiera de los dos casos, tendrás que haber establecido previamente el poder de decisión que tendrá cada uno de los miembros de tu consejo de administración.

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