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El desarrollo de ciudades inteligentes, así como las tendencias y procesos que se están generando en torno a ellas, provocan varios desafíos.

Movilidad inteligente, sostenibilidad, nuevas formas de construcción y diseño colaborativo de los espacios, desarrollo de infraestructuras a la altura de los desafíos en un contexto de constricción presupuestaria…. El desarrollo de ciudades inteligentes, así como las tendencias y procesos que se están generando en torno a ellas, provocan varios desafíos.

Desarrollar una regulación flexible e integradora es imprescindible para que todo salga bien. Por manida que esté la frase, la repetiremos: los cambios que atraviesa la sociedad de la mano de la tecnología son tantos y tan profundos que hace falta cintura y capacidad de reacción para no quedar superado por su ímpetu. Toca tomar decisiones sobre qué responsabilidad tienen, por ejemplo, las empresas privadas que operan las flotas de vehículos bajo demanda, por dónde y a qué horas pueden circular y qué uso pueden hacer del espacio público. Los patinetes, los últimos en llegar, han causado verdaderos quebraderos de cabeza en los ayuntamientos de las grandes ciudades españolas, que por el momento están reaccionando de forma descoordinada ante el fenómeno.

Quién iba a decir hace menos de una década que una aparentemente inofensiva app como Airbnb pondría en pie de guerra a los vecinos de ciudades del tamaño de Nueva York, París, Barcelona o Ámsterdam, cuyos consistorios han tomado decisiones restrictivas para con los alojamientos turísticos.

Y esto acaba de empezar. El despliegue de la ciudad inteligente provocará el surgimiento de más problemas (y puede que de mayor complejidad). Los contratos inteligentes, o algoritmos aplicados a las transacciones, pueden ayudar a agilizar gestiones y transacciones, pero detrás de cada movimiento deberá haber una decisión preferiblemente meditada.

Hará falta una planificación a largo plazo para que los distintos elementos de las nuevas ciudades encajen sin estorbarse los unos a los otros. Para eso hará falta la cooperación de todas las partes, lo que se puede fomentar con algunas de las herramientas que brinda internet. Los presupuestos participativos, por ejemplo, están acercando la voz de los ciudadanos a los asuntos de sus comunidades, un actor que ha entrado con fuerza en la ecuación y que, empoderado con las nuevas tecnologías, no admitirá quedar en segundo plano. La asignatura pendiente será lograr consensos políticos a largo plazo que no alteren la hoja de ruta.

Si quieres conocer más sobre las ciudades del futuro, descarga el informe "Ciudades Disruptivas".