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Durante años las calificaciones parciales y finales no se han alterado pese a que los sistemas educativos y pedagógicos son más ricos y complejos. Nos preguntamos si estos sistemas son todavía útiles y fiables.

Con sistemas de letras como en América del Norte, con una puntuación de 0 a 10 (como la que usamos en España) o con sistemas de percentiles, como en algunos países de Iberoamérica, estos son algunos de los sistemas de notas con los que las instituciones educativas califican el progreso de los alumnos.

¿Son las notas el modo adecuado para catalogar el éxito o el fracaso del alumnado? Durante un tiempo, en nuestro país, albergamos algunas dudas: en 1981 la LOECE eliminó las notas de 0 a 10 para una muy sencilla: los alumnos serían calificados en las diversas asignaturas con un PA (Progresa adecuadamente) o un NM (Necesita mejorar). ¿La clave? Se entendía que los alumnos se enfrentaban a lo que se llamaba una “evaluación continua” en el que el trabajo del día a día del aula, la presentación de trabajos, la atención en clase, etc. acabarían por pesar más en la nota final que los exámenes. De este modo, el alumno no era presionado para alcanzar una cifra, más bien se le invitaba a progresar o mejorar en su empeño.

Las diversas leyes educativas fueron arrinconando este tipo de calificación al primer ciclo educativo hasta que en 2006 la LOE  acabó por devolver el método de calificación de la Ley General de Educación de 1970, es decir, otra vez de 0 a 10 y los consabidos Insuficiente (0-4), Suficiente (5), Bien (6), Notable (7-8) y Sobresaliente (9-10).    

La calificación suele frustrar al alumno, le desanima tanto si consigue malas calificaciones, como es natural, como si la nota le resulta corta para el esfuerzo que ha hecho. Todos nos hemos preguntado qué diferencia había entre un 8.5 y un 9 alguna vez. La mayoría de las veces sin respuesta. El profesor es humano y, muchas veces, su criterio de evaluación se ve demasiado encorsetado en el sistema numérico. Mucho más cuando tanto la educación tradicional como iniciativas más innovadoras, como la de nuestro programa de innovación Akademia, están basadas en el desarrollo no solo de habilidades intelectuales, sino, también, de otras habilidades en las que el nuevo panorama laboral obliga a formar al alumnado.  

Con las competencias de Educación traspasadas a las comunidades autónomas, Cataluña ha querido innovar en las calificaciones de los alumnos y, desde 2016, califica las evoluciones de sus alumnos de primaria en cuatro categorías: Logro Excelente, Notable, Satisfactorio y No-Logro. Con ello se pretende no frustrar al alumno y, a la vez, hacerle partícipe de los objetivos de cada curso, de implicarle. Yendo mucho más allá, también, se trata de que la evolución del alumno sea vista de manera global y de asignar a cada uno de ellos, según sus capacidades, el reconocimiento de dicha evolución.

Muchos maestros actuales se plantean si un sistema de notas numérico es suficiente para calificar, por ejemplo, las capacidades sociales de un alumno, sus aptitudes para trabajar en grupo, para ser asertivo… posiblemente un cambio en el paradigma de la pedagogía tan profundo como el que estamos viviendo necesita también de un cambio en estos sistemas de notas.

Sin embargo, las notas son importantes porque son las que deciden el paso de los alumnos a ciclos superiores, por ejemplo, o en otro orden de asuntos administrativos, la posibilidad de que estos sean depositarios de una beca de estudios o de cualquier otra ayuda económica entregada a los alumnos más brillantes. No vale solo con reseñar la evolución personal de cada alumno, esta tiene que integrarse dentro de otra calificación que pueda servir para “pesarla” fuera de las apreciaciones del propio centro, y es ahí donde esta evolución del sistema educativo está encontrando más dificultades para su desarrollo.

El camino parece estar marcado por volver a una evaluación diaria de las capacidades del alumno, mantener cuadernos donde se anote a diario el trabajo hecho, las evoluciones conseguidas; conseguir que el alumno tome conciencia de que los ejercicios diarios le ayudarán a crearse buenos hábitos de estudio y trabajo. Frente al examen final o a los parciales trimestrales, que suelen crear una falsa sensación de trabajo bien hecho, en caso de que se aprueben con un empujón de memorización, existe este otro trabajo diario que, en realidad, será el que tenga que desarrollar el alumno en el futuro. El futuro, como no, parece apuntar a que se adaptará el sistema de notas finlandés que es una mezcla de ambos: por un lado mantiene unas pocas notas cuantitativas que son las que deciden, al final, el ascenso a otro curso o el paso a otro ciclo pero, en realidad, ese número solo refleja el informe en el que se va recogiendo el trabajo diario de cada alumno y que refleja todo aquello que un solo número no puede captar.

Para este año, con la pandemia, los procesos de notas se verán afectados. Aunque se siguen impartiendo clases online es difícil que se apliquen exámenes, por lo que se tendrán en cuenta los dos trimestres completados hasta ahora para valorar una nota media y se incluirá un informe de evaluación del aprendizaje de cada alumno que se tendrá en cuenta para el próximo curso. La otra opción que baraja el Ministerio está supeditado al éxito de la desescalada en fases que se llevará a cabo y que permitiría la vuelta a las escuelas durante el mes de junio. Esto permitiría la convocatoria de exámenes y una evaluación completa.

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